Transparencia sin anestesia

Juan Manuel Jiménez
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La Ciudad de México decidió abrir un frente que pocos gobiernos se atreven a tocar: evaluar públicamente el desempeño en seguridad de sus alcaldías frente a medios, gabinete y ciudadanía. A lo largo de las próximas semanas, las 16 demarcaciones deberán presentar sus resultados, explicar avances y justificar pendientes. No hay simulación posible cuando los números se leen a la vista de todos. Transparencia real implica exposición, y exposición implica responsabilidad.

El ejercicio arrancó con Tlalpan, la alcaldía más grande de la capital: 31% del territorio, 80% de suelo de conservación, zonas boscosas, caminos rurales y colindancia con Morelos y el Estado de México. Una geografía de alta complejidad. A pesar de ello, los resultados llaman la atención: reducción de delitos de alto impacto, menos homicidios dolosos y una caída significativa en lesiones por arma de fuego.

Las cifras hablan por sí solas. El número de cuadrantes de vigilancia pasó de 50 a 72, se rehabilitaron 300 cámaras integradas al C5, se realizan alrededor de mil patrullajes semanales, se han detenido a 250 personas vinculadas a delitos de alto impacto y se han asegurado 32 armas. Además, se reforzaron los operativos en Topilejo y las zonas limítrofes, aumentando presencia y control territorial. Son decisiones sostenidas, no eventos aislados.

Pero Tlalpan no sólo combate el delito: también recupera territorio. 82.5 hectáreas de suelo de conservación han sido rescatadas, se mantienen filtros carreteros, vigilancia forestal y recuperación de espacios públicos. Porque cuando el Estado se retira, otros ocupan el lugar.

En el plano político, el respaldo llegó rápido. La presidenta Claudia Sheinbaum calificó a la alcaldesa Gaby Osorio como “muy buena, muy querida por la gente y una joven brillante”, mientras la jefa de Gobierno, Clara Brugada, reconoció que Tlalpan se consolida entre las demarcaciones con mejores resultados. Sin embargo, estos elogios no son un diploma: son un reflector. Cuando se reconoce el trabajo, también se aumenta la expectativa, se elevan los estándares y se acota el margen de error. Celebrar logros implica sostenerlos. Y aunque falta tiempo para 2027, no es menor que esta visibilidad la coloque -desde ahorita- en la conversación sobre futuras aspiraciones, ya sea en la reelección o incluso en la contienda por la Jefatura de Gobierno.

Este ejercicio apenas comienza y algo quedó claro: la transparencia es incómoda para quien no está dando resultados, pero fortalece a quien sí trabaja. Ojalá todas las alcaldías asuman el mismo nivel de rigor y apertura. Porque la seguridad no se presume, se demuestra.

Cuando el gobierno abre la puerta a revisar números frente a la prensa, la ciudadanía gana algo invaluable: certeza. Aquí no hay escapatoria ni pretexto. De ahora en adelante, los resultados se ven… o se notan por su ausencia.

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