Sol invictus

Cristian Trejo
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Desde principio de la humanidad el fuego ha tenido una presencia fundamental, como parte del desarrollo del hombre, cabe hacer el recordatorio constante, de lo importante que es este elemento que se vuelve un medio la transformación, sabiduría y conexión con lo divino; ya Heráclito (Fragmentos) hacía sus aportaciones, bajo su doctrina del flujo constante, donde veía el fuego como símbolo primordial de cambio y renovación, el cual representa la metamorfosis. “Todo Fluye” y refluye, es el principio de la creación y la destrucción. 

No hay que perder de vista que Heráclito pensaba que el universo se sostiene gracias a la interacción dinámica de los opuestos, es así que el fuego como fuerza que consume y genera, encapsula esta dialéctica del Ser, sostiene que el fuego, no solo es una metáfora del cambio, sino una armonía universal. “ El fuego es la vida misma, y la vida es el fuego que se transforma “, esta proclama es una invitación que puede interpretarse bajo un entendimiento de transformación personal y ¿Por qué no? colectiva, como parte de un proceso, donde el ciclo continuo debería verse en no declinar jamás, sino aceptar la afrenta y seguir adelante. 

El logos trasciende desde una idea filosófica hasta la alquimia, en el Renacimiento Paracelso, considera al fuego no solo como una fuerza física, sino como un principio universal que influye sobre la mente humana y el espíritu, recordar que la alquimia busca la transformación interna, donde se veía al fuego como elemento de purificación de las impurezas del alma, de la misma manera que en la naturaleza el fuego purifica los metales…  

Bajo la interpretación semiótica donde el fuego representa la energía, la acción y la creatividad, donde incita a no quedarse estático llevando a cabo acciones que trasciendan el espectro de lo que mucho podrán decir es entendible, habrá otros que dirán ¿Cómo lo hace? y es aquí donde pasamos a la praxis para “avivar” el fuego interno en nuestras vidas donde la contribución es cada vez más a la construcción para que el propósito se vuelva una realidad. 

Parafraseando la idea de José Arguelles (El Factor Maya), “la llama interna es la chispa de la conciencia, el poder transformador que nos lleva más allá de las limitaciones y el ego”, desde otra perspectiva la asociación del fuego, se puede interpretar como esa necesidad de conectar con nuestra energía interna y emociones, sin dejar atrás que el manejo del fuego tanto como literal y simbólicamente, requiere un equilibrio entre la destrucción y la creación, entre la pasión y el control, por ello la autorreflexión es perene para no desvirtuar a tan importante elemento y no actuar con simpleza ante la enseñanza que la naturaleza nos proporciona.   

Por la disipación del consumo de las creencias limitantes, miedos, apegos, etc, para dar paso a la transformación de nuevas formas de pensar y actuar, por una renovación oportuna y constante que permita ser la puerta de nuevas posibilidades, donde solo hablar del fuego sea la estética del reflejo de esa imagen misma que nos habla, transmite y recuerda que estamos aquí. 

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