SOBREVIVIENDO: HACIENDO UNA PAUSA

Keywords Fenomenología, Existencialismo, Ecología, Libertad, Ontología

Cristian Trejo
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Lo sencillo puede llegar a ser complejo, hoy en día por mucho que ilumine el sol y se inhale esa motivación en la vida, parece que se exhala un cansancio rezagado, y no precisamente proviene de nosotros mismos, sino del ecosistema mismo donde se esta interactuando, una especie de eco-emoción que asciende de la tierra, como si la naturaleza respondiera con un susurro por la suma total de sus heridas. No sólo es viento, es la atmósfera que nos envuelve; es la sensación de cohabitar un mundo que siente, que se estremece, que nos observa con la incertidumbre con la que nosotros lo miramos a él.

En tiempo en donde la distopía ya no requiere una imaginación literaria (menos aún ficticia), que pueda salir de la ciencia ficción. Se filtra por los bordes de la realidad cada vez menos estática, y en las ciudades cada vez se respira con dificultad el ajetreo de la metrópoli. Pero discretamente aparece ese gesto donde se hace el momento propicio para llevar a cabo esa desconexión emocional y sensorial, en la sospecha de que algo esencial se nos puede escapar cada día, y se presta la reflexión.

Esa mezcla de ansiedad ecológica y duelo anticipado, que algunos la han llamado ecoemoción: sensibilidad emergente que surge cuando el mundo deja de ser decorado y vuelve a sentirse como un cuerpo vivo. Timothy Morton (Hiperobjetos: Filosofía y ecología después del fin del mundo), menciona, aquello tan vasto que excede nuestra comprensión, pero que, aun así, nos atraviesa. El cambio climático, decía, es un ente que late con nosotros; no lo vemos, pero sentimos su sombra. Si bien, hay varias posturas entorno a este tema, lo que no se puede negar es la sensación de cambio. Y tal parece que en medio de esta atmósfera con extrema carga y difusión, la filosofía suele no ser ausente, debido a que pasa a convertirse en una practca cotidiana, casi alborde de una herramienta de supervivencia. Jaques Derrida (El animal que Soy), ya advertía, que las categorías rígidas de “hombre”, “animal”, “naturaleza”, nunca fueron tan estables como creíamos. Todo límite, decía, es poroso. En esta perspectiva, la ecoemoción es una experiencia de desbordamiento, al punto de sentir el mundo es reconocer que el “afuera” ya no existe, que somos parte de la misma trama vulnerable.

Tal parece, que la contrariedad en el mundo contemporaneo no es simplemente ambiental. Es existencial, Byung-Chul Han (La sociedad del cansancio), nos ofrece un breve contexto donde describe al sujeto desgastado por su propia exigencia de rendimiento, un “yo” que se vacía en la hiperproductividad y la vigilancia constante. La filosofía se hace presente con función profundamente terapéutica, donde revela que la crisis no es sólo del planeta, sino una nuestra propia con forma de habitar el tiempo y de narrar lo que somos. De esta manera, la ecoemoción no es sólo un efecto del colapso climático, sino de un colapso interior.

La acción para reconfigurar donde podemos hacer una intervención directa (sin duda alguna), es através de la respiración conciente; no buscar eliminar la angustia, sino molderla y darle una forma; la propuesta de Donna Haraway (Permaneciendo con el Problema), menciona que el; no huir, no negar, no obsesionarse con futuros catastróficos, sino aprender a habitar la fragilidad compartida. Es pensar desde la vulnerabilidad, no desde la soberanía. Si bien, puede ser una propuesta resiliente es notable que no es para todos; por su parte, Bruno Latour (¿Dónde aterrizar? ¿Cómo encontrar tu camino en la política?), nos recuerda que hemos vivido fuera de nuestro “lugar” político durante siglos. La modernidad nos hizo creer que la tierra era un fondo neutro para nuestros proyectos. Hoy, el pensamiento debe reconducirnos hacia una política de co-presencia: el ser humano ya no como dueño, sino como habitante, como parte de una comunidad más amplia en la que conviven humanos, especies, tecnologías y fuerzas geológicas. Aquí la orientación esta marcada, para una invitación donde distopía, lleva a pensar que también es resistir.

El sentir en el mundo no es un signo de debilidad, sino una forma de comprensión amplia. Desde lo ontológico: es el retorno de lo real. Nos devuelve a la conciencia de que no hay vida sin vínculos, que toda existencia es co-existencia. Es una manera diferente ver la ecoemoción.

Tal parece que lo desafiante no es la crisis que es evidente, sino la necesidad de aprender a sentir sin rendirnos, la Ecomoción, lejos de parecer un síntoma de fragilidad, revela la potencia de una sensibilidad que se rehúsa a volverse indiferente. En definitiva, pensar filosóficamente implica aceptar que no hay pensamiento sin afecto, ni afecto sin mundo. Si bien, la filosofía no promete la salvacion, si es el recordatorio para pensar con enfoque, sentir con apertura y actuar con lucidez. Quiza la pregunta no simplemente radica en la relación ecología – indivduo, sino ¿Qué tipo de humanidad emerge esta interacción?, y desde donde la estamos ejerciciendo.

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