Si Bojack Horseman fuera mi psicólogo

Oliver Cardoso
106 vistas

Imaginemos por un momento que Bojack Horseman, el famoso caballo antropomorfo de Hollywoo (sí, sin la «d»), fuera tu psicólogo. Su sarcasmo, autodesprecio y capacidad de introspección serían una combinación curiosa en el diván. Sería como contratar a alguien que está más roto que tú para que te ayude a arreglarte. Pero, ¿acaso no es esa la paradoja de muchos terapeutas? Exploremos lo que implicaría que Bojack fuese mi guía emocional y cómo su filosofía destilada a base de errores y culpa, podría ayudarnos a cerrar el año 2024.

Un terapeuta imperfecto para un paciente imperfecto

Bojack no se presentaría como un terapeuta tradicional. Probablemente llegaría tarde a las sesiones, con una resaca moral (o literal), y comenzaría con algo como:
«¿Así que vienes a mí para resolver tus problemas? Buena suerte. Ni siquiera puedo resolver los míos.»

En cualquier otro contexto, esta actitud sería un desastre. Pero aquí hay un giro interesante: Bojack nos obligaría a enfrentarnos a la verdad de que nadie tiene todas las respuestas, mucho menos él. Esta honestidad brutal podría ser refrescante. En lugar de prometer soluciones mágicas, nos animaría a aceptar nuestras imperfecciones como parte del viaje. Porque si algo nos ha enseñado Bojack es que el cambio no es lineal, y el progreso a menudo es feo y caótico.

Lecciones desde el caos
Bojack podría adaptar herramientas psicológicas con su característico cinismo:

1. La lucha contra la parálisis del pasado
Bojack nos recordaría que el pasado es un lastre, pero no un dictador. Su vida está llena de remordimientos: Sarah Lynn, su madre, Herb Kazzaz. Sin embargo, el verdadero mensaje es que, aunque el pasado nos define, no tiene que ser nuestra condena eterna.
«Sí, cometiste errores, pero la buena noticia es que el futuro aún no ha llegado. Y la mala noticia… bueno, es la misma.»

2. La imperfección como brújula
En lugar de aspirar a ideales inalcanzables, Bojack nos animaría a usar nuestras fallas como un punto de partida:
«¿Quieres ser mejor? Genial, pero no intentes ser perfecto. La perfección es para los idiotas. Mejor intenta no arruinarlo tanto como ayer.»

3. La autocompasión (pero sin cursilerías)
Aunque Bojack tiene problemas para quererse a sí mismo, también entiende que el desprecio propio no lleva a ningún lado. Nos empujaría a ser un poco más amables con nosotros mismos, aunque solo sea para evitar hundirnos en un agujero emocional.
«Puedes odiarte, está bien, pero al menos ten la decencia de levantarte y seguir adelante. Porque si te quedas ahí tirado, nadie más va a recogerte.»

Cerrar el año con un toque de Bojack
¿Cómo cerraría Bojack el 2024 si fuera mi psicólogo? Probablemente me daría una lista de tareas que suenan como insultos, pero en el fondo tienen sentido:

1. Deja de evitar las cosas incómodas. Enfrentar problemas duele, pero posponerlos los hace peores.
2. Haz algo, cualquier cosa. La acción, aunque pequeña, es mejor que la inercia.
3. No esperes sentirte siempre bien. La felicidad es un estado momentáneo, no un lugar permanente.
4. Acepta el caos. La vida no es un guion bien escrito. Si algo sabe Bojack, es que los finales felices no existen, pero los momentos felices sí.

La paradoja del caballo terapeuta
Bojack Horseman como psicólogo sería una propuesta radical, incómoda y, en el mejor de los casos, transformadora. Su método, lejos de ser convencional, nos obligaría a mirar nuestras propias contradicciones con humor y brutal honestidad. Tal vez no encontraríamos todas las respuestas, pero sí aprenderíamos a hacer las paces con la incertidumbre. Porque, como diría él:
«La vida apesta, pero eso no significa que no valga la pena intentarlo. O al menos fingir que lo intentas.»

Y tal vez, al final del día, ese sea el tipo de terapia que todos necesitamos: imperfecta, pero profundamente humana.

Oliver Cardoso | Recursos Humanos | Desarrollo Organizacional | Desarrollo Humano

Fundador Se Vale ir a terapia AC (excepto si se apellida Cote)

También te puede interesar