Claudia Sheinbaum, presidenta de México, impulsa una “Policía Federal 2.0” de la mano de Omar García Harfuch, titular de la SSPC, con el fin de fortalecer la estrategia de seguridad en un país marcado por casi dos décadas de violencia.
Sheinbaum apuesta por un modelo policial renovado
La llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia marcó un cambio en la narrativa de la seguridad en México. Tras un sexenio donde las Fuerzas Armadas se consolidaron como protagonistas, la mandataria ahora refuerza el papel de mandos formados en la antigua Policía Federal. El giro ha sido bautizado como una “Policía Federal 2.0”, en referencia al nuevo protagonismo que han recuperado estructuras policiales en el Gabinete de Seguridad.
El encargado de esta transición es Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), quien ha integrado a exmandos federales en puestos clave: Francisco Almazán, al frente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI); Héctor Elizalde, como subsecretario de Investigación; y Omar Reyes, a cargo de la Unidad de Inteligencia Financiera.
Guardia Nacional y Ejército, aún protagonistas
Aunque Sheinbaum mantiene el respaldo a la Guardia Nacional —ahora bajo el control de la Secretaría de la Defensa Nacional— y a las Fuerzas Armadas, su gobierno ha incrementado el presupuesto de la SSPC. Para 2026, la dependencia contará con más de 60 mil millones de pesos, lo que representa un aumento de más de 20 mil millones respecto al año anterior.
Este rediseño permite equilibrar la estrategia: por un lado, mantener la presencia territorial del Ejército y la Guardia; por otro, reconstruir las capacidades policiales en materia de inteligencia, investigación y prevención.
Resultados en el primer año
El primer año de Sheinbaum al frente del país muestra un descenso en los homicidios dolosos, tendencia que comenzó en la etapa final de López Obrador y que ahora se ha acentuado. También se han reducido delitos de alto impacto como secuestro y robo, aunque la extorsión presenta un repunte superior al 20%.
Expertos señalan que este aumento puede deberse a una mayor denuncia de las víctimas, lo que blanquea la cifra negra. Sin embargo, no descartan que el fenómeno esté creciendo.
Opiniones divididas de especialistas
Eduardo Guerrero, consultor en seguridad, reconoce que Harfuch “es un profesional en la materia, a diferencia de los secretarios que tuvo López Obrador, que eran operadores políticos”. Destaca que, por primera vez, el titular de la SSPC forma parte del primer círculo presidencial, lo que le da un margen amplio de acción.
Por su parte, Ernesto López Portillo, académico de la Ibero, advierte que aún hay dudas: “No sabemos cuántas detenciones corresponden al Ejército, a la Guardia Nacional o a la SSPC. Tampoco cuántas terminan en sentencias condenatorias”.
El gran reto, coinciden los expertos, sigue siendo la impunidad. Según el INEGI, de más de 33 millones de delitos cometidos en México el año pasado, más del 90% no fueron denunciados. De los que sí se investigaron, apenas el 0.8% tuvo una resolución favorable.
La sombra de las policías locales
Uno de los puntos débiles de la estrategia es el papel marginal de policías estatales y municipales. Pese al fortalecimiento de la SSPC, las corporaciones locales continúan relegadas, sin recursos adicionales ni participación relevante en la estrategia nacional.
Esta situación genera dudas sobre la capacidad de la llamada “Policía Federal 2.0” para consolidarse en un país con una fragmentación territorial profunda y niveles de violencia diferenciados por Estado.
Expectativas hacia el futuro
Con apenas un año de gobierno, la apuesta de Sheinbaum aún está en construcción. El éxito dependerá de si el modelo logra trascender más allá de un círculo de élite encabezado por Harfuch y si las reformas alcanzan a los niveles estatales y municipales.
La extorsión, la violencia criminal en entidades como Michoacán, Guerrero o Chiapas, y la gobernabilidad en zonas conflictivas serán la verdadera prueba para el nuevo esquema.
La “Policía Federal 2.0” de Sheinbaum, con Harfuch al mando, es el experimento más ambicioso de los últimos años en materia de seguridad. Los resultados iniciales muestran luces y sombras: una caída en homicidios, pero un repunte en extorsiones y dudas sobre la capacidad para atacar la impunidad estructural.
El reto, según especialistas, será pasar de una estrategia centralizada en élites policiales a un modelo incluyente que fortalezca también a policías locales y estatales. Solo así se podrá consolidar una política de seguridad sostenible.
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