El Partido Revolucionario Institucional (PRI) quedó fuera de la élite del poder en el Senado de la República, tras perder a uno de sus legisladores y convertirse en la cuarta fuerza política. A partir del 1 de septiembre de 2025, la bancada tricolor ya no tendrá derecho a la tercera vicepresidencia de la Mesa Directiva, un espacio que históricamente había ocupado desde hace casi 100 años.
El anuncio marca un hecho inédito: por primera vez en 96 años, el PRI queda relegado en el Senado, símbolo de su debilitamiento como partido político tras décadas de hegemonía en el Congreso.
El acuerdo que debilitó al PRI
Manuel Velasco, coordinador de los senadores del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), informó que el acuerdo alcanzado con el líder de Morena en el Senado, Adán Augusto López Hernández, para crear una cuarta vicepresidencia destinada al Verde, tenía vigencia de un año y concluye este 1 de septiembre.
Con el retorno a la estructura original de tres vicepresidencias, el PRI queda sin representación en la Mesa Directiva, luego de perder a Néstor Camarillo, lo que redujo aún más su fuerza parlamentaria.
El declive de un partido histórico
Durante gran parte del siglo XX, el PRI no solo dominó el Ejecutivo, sino también el Congreso. Sus triunfos electorales garantizaban que sus legisladores ocuparan posiciones clave en la Cámara de Diputados y en el Senado.
Hoy, la realidad es distinta: con menor presencia territorial y una base electoral debilitada, el PRI enfrenta un proceso de pérdida de espacios institucionales que antes eran parte de su identidad política.
El panorama legislativo actual
En el Senado, la correlación de fuerzas coloca a Morena como mayoría, seguido por el PAN y el PVEM. El PRI, relegado a la cuarta posición, enfrenta un escenario complicado para incidir en la toma de decisiones de alto nivel en la Cámara Alta.
Analistas coinciden en que esta situación refleja no solo un cambio en la correlación de fuerzas, sino también el desgaste de un partido que por décadas marcó la agenda política nacional.
Un golpe simbólico y político
La pérdida de la vicepresidencia del Senado tiene un valor simbólico relevante: representa la salida del PRI de la “élite” parlamentaria. En términos prácticos, también limita su capacidad de negociación y visibilidad en un órgano que funge como contrapeso institucional.
El tricolor, que alguna vez controló la totalidad del Congreso, ahora enfrenta el reto de redefinir su papel como oposición en un escenario en el que partidos aliados a Morena ganan cada vez más terreno.
El PRI, que durante décadas fue sinónimo de poder absoluto en México, vive una de sus etapas más críticas, con menos influencia, menos legisladores y menos privilegios institucionales.
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