Poder Central. Dimes y diretes: Trump el bully de América del Norte

Carlos Graciano
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El martes 6 de mayo tuvo lugar la primera reunión oficial entre Donald Trump y el recientemente electo Primer Ministro de Canadá, Mark Carney; donde si bien se esperaba que se pudieran tratar acuerdos comerciales entre estos dos países de América del Norte, Trump prefirió generar tensión en el ambiente incluso desde antes de que la reunión se llevara a cabo, pues en su red social Truth Social, hizo una publicación diciendo: “Espero con entusiasmo conocer al nuevo Primer Ministro de Canadá, Mark Carney. Quiero trabajar con él, pero no entiendo una simple verdad: ¿Por qué Estados Unidos está subsidiando a Canadá con 200 billones de dólares al año, y además dándoles protección militar gratis, y muchas otras cosas? No necesitamos sus carros, no necesitamos su energía, no necesitamos su madera, no necesitamos nada que ellos tengan más allá de su amistad, que ojalá podamos conservar siempre. Ellos, por otro lado, necesitan todo de nosotros, el Primer Ministro estará llegando pronto y esa será, muy seguramente, mi única pregunta relevante”.

Con esto como antecedente, Trump dejó en claro cuál sería la línea de su encuentro con Carney, y así lo hizo, pues durante su reunión insistió con el comentario incómodo de convertir a Canadá en el estado número 51 de la Unión Americana, ante lo que Carney dejó en claro que Canadá no está en venta, diciendo lo siguiente: “Como usted sabe en el negocio inmobiliario hay lugares que nunca están a la venta. Estamos sentados en uno en este momento (la Casa Blanca), el Palacio de Buckingham. Habiéndome reunido con los dueños de Canadá (los ciudadanos) a lo largo de la campaña durante los últimos meses, no está a la venta, nunca estará a la venta, nunca. Pero la oportunidad existe en la relación que hemos sido capaces de construir juntos en el pasado. Mi gobierno está comprometido a un cambio en nuestra inversión con respecto de la seguridad canadiense y nuestra relación, y diré también lo siguiente: el presidente (Trump), ha revitalizado la seguridad internacional, ha revitalizado a la OTAN y nosotros pondremos nuestro peso completo en esta organización de la que seremos parte”.

De esta forma, lo que se esperaba fuera una conversación en torno a tratados comerciales para definir el futuro de diversas industrias en Norteamérica, se centró en una conversación simbólica con respecto de la soberanía de ambas naciones. Una tratando de imponer a modo de broma, o tal vez no, un comentario que no puede dejarse al aire y ante el que inevitablemente Canadá ha tenido que responder en cada ocasión, y esta reunión no fue la excepción; por lo que quedaron de lado otros temas como los aranceles del 25% que puso Estados Unidos a Canadá y los aranceles que aplicó Canadá en respuesta.

Si bien la conversación ya giraba en torno a la adhesión de Canadá a los Estados Unidos, el Presidente Trump aprovechó para dejar en claro su posicionamiento con la frase “Nunca digas nunca”, en relación a los comentarios de Carney sobre que Canadá nunca estará en venta. En este contexto es cómo se fortalece cada vez más la descomposición de las relaciones en Norteamérica, pues tradicionalmente las negociaciones se han hecho de forma tripartita entre Estados Unidos, Canadá y México, sin embargo, el ataque constante por parte de Estados Unidos a las otras dos naciones genera serias dudas en torno a lo que depara el futuro sobre lo que se supone será una renegociación del TMEC en 2026. ¿Qué pasará? Al tiempo lo sabremos.

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