Después de una larga sangría de los recursos de PEMEX, sobre todo en el lapso 2001-2018, en el periodo 2019-2024 el gobierno de la 4T otorgó prioridad al fortalecimiento de la empresa pública estratégica, como bastión de la soberanía energética.
A diferencia de cuatro décadas de estractivismo neoliberal, dependencia de las finanzas públicas de los ingresos petroleros y, sobre todo, de debilitamiento de la empresa pública estratégica con miras a su disolución y privatización (como política deliberada de los gobiernos neoliberales) en el periodo 2019-2024 comenzó la recuperación de PEMEX. Entre los principales resultados de la política petrolera en este periodo, están:
La deuda total se redujo en 10.3% al pasar, de 106 mil millones de dólares (mdd) en 2022, a 97 mil 600 mdd al cierre de 2024, en razón de una política de bajo endeudamiento neto y a los apoyos gubernamentales recibidos. Entre 2019 y 2024, como efecto de la política de fortalecimiento de PEMEX, el gobierno le canalizó 1.3 billones de pesos en aportaciones de capital y estímulos fiscales, y 500 mil millones por reducción del Derecho de Utilidad Compartida (DUC); este disminuyó de 65% en 2019 a 30% en 2024. A la vez, se detuvo la caída de reservas, que fue de 14 mil millones de barriles en 2008 a 7 mil millones en 2018, y se restituyó al 100% el volumen extraido entre 2019 y 2022.
Se combatió el “huachicol”, problema que se había acumulado, aumentado y acentuado por más de dos décadas con la complicidad de distintos actores gubernamentales y sociales. Se redujeron las tomas clandestinas; en 2018 se habían detectado 14,894 tomas clandestinas, en tanto que para 2019 estas disminuyeron a 7000 (PEMEX, 2019). Para 2023 se reportaron 5,688 tomas clandestinas (PEMEX, 2019 y 2023).
El robo de combustibles disminuyó de 8, 500 mdp en 2018 a 1, 500 mdp en 2020 (PEMEX, 2020). Entre 2019 y 2022 se ahorraron más de 287 mil mdp por la reducción del huachicol; en 2023 se reportó un ahorro adicional de 13 mil mdp. Asimismo, se detuvo a cientos de personas, incluyendo a líderes de bandas dedicadas al huachicol como “El Marro”, lider del cartel de “Santa Rosa de Lima”. Si bien el problema no se erradicó, sí se logró reducir significativamente el robo de combustible, generando ahorros y mejorando la distribución de hidrocarburos (PEMEX, 2022).
El camino de la recuperación de PEMEX no estuvo exento de obstáculos formidables. La empresa enfrentó en 2020 pérdidas estimadas en 480 mil millones de pesos (25 mil mdd), como efecto de la caída de los precios del petróleo durante la pandemia y la disminución de su producción.
Para 2022 tuvo su mejor año financiero del sexenio, al reportar ganancias por 100 mil millones de pesos (5 mil millones de dólares) en razón de altos precios promedio de 89.24 dólares por barril y apoyos fiscales.
En 2023, la producción de crudo promedió 1.86 millones de barriles diarios (mbd) pero cayó a 1.75 mbd en 2024 (20% menos que en 2018). Las ganancias disminuyeron a 8 mil 200 millones de pesos (398 mdd), por menores ingresos por exportaciones y el aumento de los costos de operación. Finalmente, en 2024, registró pérdidas por 620 mil 600 millones de pesos -30 mil 300 mdd-), debido a la caída de 6.3% en la producción de hidrocarburos, pérdidas cambiarias y aumento de costos de operación.
En suma, actualmente, la producción de crudo se ubica en uno de sus niveles más bajos de las últimas 4 décadas debido, principalmente, a la declinación del que fuera gran yacimiento de Cantarell, sobrexplotado brutal e irracionalmente durante el periodo 2001-2006; en este descenso también influyó, marginalmente, una menor inversión en exploración, toda vez que la prioridad de la política petrolera sexenal 2019-2024 se enfocó en los procesos de refinación.
Las exportaciones de crudo cayeron 70% en 2024 con respecto a 2018, al dar prioridad al abasto interno; pero las importaciones de combustibles persistieron. La deuda a proveedores alcanzó los 231 mil 200 millones de pesos en 2023, reflejando tensiones de liquidez que continuaron en 2024.
Con la puesta en marcha de la refinería de Dos Bocas la capacidad de refinación aumentó de 51% en 2023 a 60% en 2024. La producción de combustóleo superó a la de las gasolinas y las refinerías registraron pérdidas por 585 mil millones de pesos en 2024.
El Plan 2025-2030 del Gobierno de México para PEMEX se inscribe en el marco ideológico y programático del nacionalismo económico y la visión de soberanía energética, en la búsqueda de la autosuficiencia sobre todo de combustibles, como también de insumos y productos petroquímicos; el programa de acción difiere sustancialmente de la política extractivista neoliberal que, durante décadas, se orientó -en exceso- a la extracción y exportación de petróleo crudo, acentuando la dependencia y vulnerablidad de las finanzas públicas a los precios volátiles del mercado internacional. Por lo contrario, la soberanía energética se sustenta en objetivos de sustitución de importaciones y transformación de insumos petrolíferos de manera sustentable, sin depender de las ventas externas de petroleo crudo.
Para fortalecer la soberanía energética se pretende garantizar la autosuficiencia de combustibles y reducir las importaciones. Para ello, se rehabilitan las seis refinerías existentes: Madero, Salamanca, Cadereyta, Minatiltlán, Tula y Salina Cruz; se adquirió la refinería de Deer Park en Texas, y se construyó y puso en marcha la primera etapa de la refinería Olmeca en Dos Bocas, Tabasco. Ello explica, en gran parte, la deuda a contratistas y proveedores, y las pérdidas registradas, sobre todo, en 2024.
Se busca recuperar la gran empresa pública, con carácter no solo histórico sino estratégico, como piedra angular de la soberanía energética, la sustentabilidad ambiental y el bienestar social, mediante su integración vertical, acciones y proyectos tangibles en materia de producción, refinación y desendeudamiento.
El Plan 2025-2030 se dirige a lograr un equilibrio entre la producción, sostenibilidad y estabilidad fiscal. Se trata de consolidar a la empresa pública estratégica, buscando los siguientes objetivos específicos:
1) Lograr una producción objetivo de 1.8 millones de barriles diarios de crudo;
2) Revertir la declinación de los niveles de producción mediante el mantenimiento de los campos existentes y mayor inversión en exploración;
3) Reducir la quema de gas para usarlo en consumo nacional o reinyección de pozos, para aumentar la producción y disminuir las emisiones;
4) Crear un centro de economía circular en el estado de Hidalgo para reciclar residuos y reducir impacto ambiental;
5) invertir en petroquímica y fertilizantes (sectores que habían sido abandonados en el periodo neoliberal) para diversificar ingresos y apoyar la agricultura;
6) Generar 40 mil millones de pesos anuales con recursos propios de PEMEX complementados con aportaciones gubernamentales (136 mil millones de pesos en 2025);
7) Lanzar PEMEX Energía con proyectos de energía limpia, alineados a una economía circular y la reducción de gases de efecto invernadero, y
8) Mantener el precio de la gasolina en 24 pesos por litro en términos reales, mediante acuerdos voluntarios con los empresarios gasolineros.
Esta visión y su programa de acción coinciden en lo fundamental con la de ideólogos mexicanos históricos del periodo posrevolucionario como Narciso Bassols (1897-1959) y Jesús Silva Herzog (1892-1985).
El maestro Bassols (1942) era renuente a dar cabida a empresas privadas en la industria petrolera, porque se entregaría el control financiero e industrial a los contratistas privados y se desvirtuaría el espíritu de la nacionalización y el usufructo exclusivo de la nación sobre los recursos del subsuelo. Cuestión, por cierto, que es vista como una limitante por parte de comentócratas y tecnócratas neoliberales.
Por su parte, el maestro Jesús Silva Herzog demostraba que después de la expropiación se fortaleció el mercado interno y se logró un impulso importante al desarrollo económico de México, a diferencia de cuando la industria petrolera estaba en manos extranjeras y se fugaban millones de divisas al extranjero. Con respecto a la industria petrolera Silva Herzog (1973) fue categórico:
La nacionalización del petróleo debe sostenerse. Debe y puede consolidarse. No hay que hacer caso a los descastados y cobardes. La expropiación, repitámoslo una vez más, es el principio de nuestra independencia económica y es preciso defenderla a toda costa…
Cuestión de disyuntivas: a fin de cuentas, es preferible que el petróleo y la electricidad sean bienes de dominio de la nación para beneficio de las mayorías, que bienes privados con fines de lucro para beneficio de unos cuantos. En materia energética es mejor la soberanía del Estado que depender de los vaivenes y veleidades del mercado.
