Neumáticos, estrellas y millones

Jessika Tamez Bougthon
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Por años, la gastronomía ha sido vista como un arte, una experiencia sensorial, un lujo para el paladar. Pero en la última década, las estrellas Michelin han demostrado ser mucho más que simples condecoraciones culinarias: son una herramienta de desarrollo económico. Ciudades y regiones enteras han experimentado transformaciones económicas radicales tras ser incluidas en la prestigiosa guía. Pero ¿es esto un modelo sostenible o una burbuja gastronómica con consecuencias inesperadas?

Lo que hoy conocemos como el estándar de la alta gastronomía comenzó con un propósito completamente distinto. En 1900, la empresa de neumáticos Michelin, fundada por los hermanos Édouard y André Michelin, lanzó una guía gratuita para conductores en Francia. En una época donde los automóviles eran una rareza, el objetivo era incentivar su uso y, con ello, aumentar la demanda de neumáticos. La guía incluía mapas, mecánicos, gasolineras y recomendaciones de lugares para comer y dormir.

Con el tiempo, Michelin notó que la sección de restaurantes era la más consultada. En 1926, introdujeron el sistema de estrellas para calificar la calidad de la comida, y en 1931 establecieron la famosa clasificación de una, dos y tres estrellas, con el criterio de que un restaurante con tres estrellas justificaba un viaje especial.

Lo que comenzó como un folleto práctico se convirtió en la máxima referencia gastronómica mundial, marcando el destino de chefs, restaurantes y hasta ciudades enteras.

El Efecto Michelin: más que un premio, una inversión pública

Recibir una estrella Michelin puede cambiar por completo la trayectoria de un restaurante. Pero su impacto va mucho más allá de la cocina. Cuando una ciudad o región empieza a acumular estrellas, se convierte en un destino gastronómico, atrayendo turistas de alto poder adquisitivo, inversionistas y atención mediática global.

Ciudades como Copenhague, Lima o Girona han experimentado un crecimiento exponencial en turismo gastronómico gracias a la guía Michelin. En 2003, cuando Noma abrió sus puertas en Dinamarca, la ciudad no estaba en el radar de los amantes de la alta cocina. Veinte años después, Copenhague es una de las capitales gastronómicas más importantes del mundo, con más de una docena de estrellas Michelin y un ecosistema de restaurantes y productores locales que sostienen la economía.

En Perú, la revolución gastronómica liderada por chefs como Gastón Acurio y Virgilio Martínez no solo puso a Lima en el mapa culinario, sino que también impulsó el turismo, el comercio de ingredientes autóctonos y la proyección internacional de la cocina peruana. Según PromPerú, el turismo gastronómico representa alrededor del 10% del total de visitantes internacionales al país.

Los gobiernos han tomado nota de esta tendencia y han empezado a invertir activamente en la obtención de estrellas Michelin. Países como Tailandia y Corea del Sur han pagado millones de dólares para que Michelin cree guías en sus territorios. La estrategia es clara: una estrella no solo beneficia a un restaurante, sino que puede generar empleo, turismo e inversión en la región.

¿Una burbuja gastronómica? Los costos ocultos del modelo Michelin

Sin embargo, este crecimiento no está exento de riesgos. Para los chefs, mantener una estrella es un reto financiero. Los costos operativos de un restaurante con estrella son significativamente más altos debido a la exigencia de ingredientes de calidad excepcional, personal altamente capacitado y experiencias de servicio impecables.

Además, en algunas ciudades, la explosión del turismo gastronómico ha llevado a la gentrificación de barrios enteros. En San Sebastián, España, la alta demanda de experiencias culinarias ha elevado los precios de los alquileres, desplazando a los residentes originales. En Tokio, los restaurantes con estrella han generado listas de espera de meses, limitando el acceso a la población local y privilegiando a turistas internacionales con más capacidad de gasto.

Un estudio realizado por la consultora Ernst & Young en 2019, revela que la obtención de estrellas Michelin puede tener un impacto económico significativo en las ciudades que albergan restaurantes galardonados. Por ejemplo, en Italia, las regiones con restaurantes con estrellas Michelin han generado ingresos adicionales de 282 millones de euros anuales, con el 74% de esos ingresos atribuidos a turistas internacionales.  

Además, el estudio realizado en Francia, Alemania, Reino Unido, Estados Unidos, Japón y China reveló que el 57% de los viajeros frecuentes extenderían su estadía si un destino ofreciera una selección de restaurantes con estrellas Michelin, y el 71% aumentaría sus gastos en destinos con dicha oferta gastronómica.  

Otro problema es la vulnerabilidad del modelo Michelin ante crisis económicas. Durante la pandemia, muchos restaurantes de alta cocina cerraron debido a la caída del turismo y los costos insostenibles de operación. Esto plantea una pregunta clave: ¿puede una ciudad depender de Michelin como motor económico sin diversificar su industria gastronómica y turística?

Michelin como arma de doble filo: ¿qué ciudades pueden aprovecharlo mejor?

El impacto de Michelin en la economía de una ciudad depende de su capacidad para capitalizar el turismo gastronómico sin depender exclusivamente de él. Ciudades con una oferta gastronómica diversa, modelos de negocio flexibles y un ecosistema de pequeños productores pueden beneficiarse más a largo plazo.

Por otro lado, aquellas que buscan en Michelin una solución mágica para atraer inversión pueden enfrentarse a un problema estructural cuando el hype gastronómico disminuya. La clave es encontrar el equilibrio entre el prestigio y la sostenibilidad económica.

Sin embargo, es importante señalar que, aunque las estrellas Michelin aportan prestigio, no siempre garantizan la viabilidad económica de los restaurantes. Algunos chefs han señalado que, a menos que se alcancen tres estrellas, mantener una o dos puede resultar deficitario debido a los altos costos operativos asociados.  

En última instancia, una estrella Michelin puede ser un arma de doble filo: un pasaporte al desarrollo económico o una burbuja efímera. Como cualquier inversión, depende de cómo se gestione. En resumen, mientras que las estrellas Michelin pueden impulsar el turismo y generar ingresos significativos para las ciudades, también presentan desafíos financieros para los establecimientos galardonados.

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