Cuatro años después de la muerte de Diego Maradona, comienza este 11 de marzo el juicio contra siete profesionales de la salud por homicidio simple con dolo eventual. Los acusados, incluidos su neurocirujano Leopoldo Luque y la psiquiatra Agustina Cosachov, enfrentan hasta 25 años de cárcel por presunta negligencia durante el tratamiento domiciliario del ídolo en Tigre, Buenos Aires. La fiscalía alega que Maradona estuvo «en desamparo», con un cuidado «inadecuado y temerario» que agravó sus múltiples patologías cardíacas, renales y adicciones.
El proceso, con 120 testigos y audiencias hasta julio, revisará los últimos días del astro: desde la cirugía por un hematoma cerebral hasta su muerte por edema pulmonar agudo en 2020. La defensa de los médicos argumenta que actuaron dentro de sus especialidades y niega responsabilidad. «Mi cliente velaba por su salud mental; él murió por un evento cardíaco», declaró el abogado de Cosachov. Sin embargo, audios filtrados sugieren que el equipo médico sabía del riesgo mortal.
La familia Maradona, liderada por sus hijas Dalma y Gianinna, exige justicia. «Si seguía así, iba a morir», insiste el abogado de Dieguito, hijo del Pelusa. En las calles, murales con el lema «¡Justicia para Diego!» reflejan el clamor popular. Mientras, la octava acusada, la enfermera Dahiana Madrid, será juzgada luego en un proceso separado.
Prospectiva:
El veredicto podría marcar un precedente en la responsabilidad médica en Argentina. Si se prueba el dolo eventual, los acusados recibirían condenas ejemplares, reabriendo el debate sobre el trato a celebridades en crisis. Sin embargo, una absolución generaría indignación en una sociedad que aún llora a su ídolo. Analistas prevén que el juicio no solo definirá el legado jurídico de Maradona, sino que también expondrá fallas sistémicas en el manejo de pacientes complejos. Cualquier resolución alimentará mitos o cerrará heridas, pero difícilmente apagará la eterna pregunta: ¿Fue su muerte evitable?
