En el Convento de San Francisco, en Pachuca, Hidalgo, se guarda un enigma centenario: la momia de Santa Columba, una joven española del siglo III cuya historia mezcla martirio, fe y un viaje transatlántico que la convirtió en objeto de devoción. Con su rostro intacto y vestuario preservado, atrae a fieles que buscan milagros y respuestas sobre su origen sobrenatural.
De Camila a Santa Columba: Una mártir de noble cuna
Nacida en La Rioja (España) en el año 257, Camila —luego llamada Columba— era hija de reyes visigodos. A los 16 años, en Sens (Francia), rechazó casarse con el hijo del emperador romano Aureliano, prefiriendo dedicar su vida a Dios. Tras su negativa, fue torturada, encadenada y decapitada en el 273 d.C. Según crónicas, su cuerpo permaneció «incorrupto», un fenómeno atribuido a su santidad.
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En el siglo XVIII, María Josefa de Terreros, hija del Conde de Regla (Pedro Romero de Terreros, uno de los hombres más ricos del virreinato), compró sus restos y los trasladó en barco a la Nueva España. Desde entonces, la momia descansa en el exconvento franciscano de Pachuca, construido entre los siglos XVI y XVII. «Su conservación es inexplicable: ni hongos ni insectos la han dañado», afirma la cronista Sara Montes Romero.
Devoción moderna: ¿Por qué la veneran?
Los fieles, como Lisseth Rodríguez, acuden a pedir protección y milagros. «Vengo a saludarla y a rogar por mis hijos», confiesa. La urna de cristal revela detalles asombrosos: nariz afilada, cejas delineadas y un vestido de época casi intacto. Un pergamino junto a ella narra su historia, marcada por el martirio y su llegada a México como «reliquia auténtica y milagrosa».
Misterios sin resolver
* ¿Incorruptibilidad divina? Científicos no han estudiado la momia, pero su estado desafía explicaciones lógicas.
* Leyenda vs. Historia: Aunque documentos coloniales respaldan su traslado, su vinculación con Aureliano genera debate entre historiadores.
