Marcelo Ebrard, secretario de Economía, comenzó oficialmente la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en un contexto que podría definir su futuro político rumbo a 2030. La primera ronda bilateral inició este 27 de mayo en Ciudad de México, donde el funcionario recibió a la delegación estadounidense encabezada por Jeffrey Goettman.
Las negociaciones del T-MEC representan más que un ejercicio diplomático para Ebrard. Se han convertido en su «prueba de fuego» definitiva, donde debe demostrar capacidad para mantener la estabilidad económica bilateral mientras enfrenta las presiones del gobierno de Donald Trump en temas de seguridad, migración y narcotráfico.
Estados Unidos cambia las reglas del juego comercial
Washington transformó su enfoque sobre el T-MEC. El tratado dejó de concebirse únicamente como un acuerdo de libre comercio para convertirse en una herramienta de seguridad económica y contención geopolítica frente a China.
Jamieson Greer, representante comercial estadounidense, envió ayer un mensaje claro al sector exportador mexicano: «Con países como México u otros de nuestro hemisferio, tendremos aranceles. Mientras exista un déficit comercial habrá aranceles».
La declaración refleja un cambio estructural en la política comercial estadounidense. El libre comercio irrestricto perdió peso frente a una lógica donde Estados Unidos busca consolidar cadenas de suministro regionales bajo criterios de seguridad nacional.
Las autoridades estadounidenses intensificaron la presión política sobre México mediante investigaciones a funcionarios mexicanos, incluido el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. Esta estrategia busca condicionar las negociaciones económicas con exigencias de seguridad nacional.
México arriesga 860 mil millones de dólares en comercio bilateral
Los flujos comerciales entre ambos países alcanzaron niveles cercanos a 860 mil millones de dólares durante 2025, según cifras de la Oficina del Censo de Estados Unidos. La Secretaría de Economía proyecta además flujos anuales de 40 mil millones de dólares en Inversión Extranjera Directa.
La verdadera disputa estratégica ya no se concentra únicamente en evitar aranceles sobre acero o aluminio. Se enfoca en redefinir la posición de México dentro de la nueva frontera tecnológica de Norteamérica.
Proyecciones de la Asociación de la Industria de Semiconductores de Estados Unidos estiman que la demanda relacionada con semiconductores crecerá alrededor de 8% anual durante la próxima década. México busca capturar parte de los procesos de ensamblaje, empaquetado y prueba de chips.
Este mercado podría añadir hasta 1.5 puntos porcentuales adicionales al PIB manufacturero nacional si el país logra fortalecer infraestructura energética, capital humano especializado y certidumbre regulatoria.
Precedente del maíz transgénico genera alerta
El conflicto sobre el maíz transgénico ejemplifica las tensiones recientes. México perdió el panel de controversias impulsado por Estados Unidos y Canadá bajo las reglas del T-MEC. El gobierno mexicano tuvo que retirar restricciones comerciales promovidas durante el sexenio de López Obrador.
El episodio expuso el límite estructural que enfrenta México cuando las prioridades regulatorias nacionales colisionan con la integración manufacturera norteamericana.
Presión interna complica margen de negociación de Ebrard
Para que Ebrard logre resultados favorables frente a Estados Unidos necesita márgenes de negociación que frecuentemente chocan con sectores soberanistas de la Cuarta Transformación. Las tensiones se concentran en áreas estratégicas como energía, regulación industrial e inversión extranjera.
Si Claudia Sheinbaum decide reducir el margen de maniobra de Ebrard por presiones internas de Morena, enviará a su principal negociador a la revisión comercial más delicada con menor capacidad de respuesta frente a Washington.
El economista Daniel Jaffet León considera que el margen de negociación para México depende de construir una agenda de «corresponsabilidad productiva» frente a Estados Unidos. «Ebrard parece entender que la diplomacia económica de 2026 se jugará en la capacidad de absorber las ansiedades industriales de Washington», sostuvo.
El analista Aarón Sánchez observa un panorama más adverso: «Ebrard no pertenece al núcleo político de López Obrador ni al círculo cercano de Sheinbaum. Su capacidad de negociación es reducida».
México y Estados Unidos acordaron celebrar una segunda ronda de negociación en Washington D.C. los días 16 y 17 de junio, además de una tercera ronda en Ciudad de México durante la semana del 20 de julio. El resultado de estas conversaciones definirá no solo el futuro económico bilateral, sino también las aspiraciones políticas de Marcelo Ebrard hacia 2030.
