Durante décadas la filantropía de los ultrarricos fue un espectáculo cuidadosamente coreografiado. Galas interminables. Cheques gigantes frente a cámaras. Fundaciones con nombres grabados en mármol. El dinero se daba lentamente, con condiciones, con estrategia fiscal y con una narrativa diseñada para glorificar al donante. Siempre!!
Y entonces apareció MacKenzie Scott… y rompió el guion.
Para entender su impacto hay que empezar por el origen de su fortuna. MacKenzie Scott nació en San Francisco en 1970 y estudió literatura en la Universidad de Princeton bajo la tutoría de la escritora Toni Morrison, quien la describió como una de las mejores estudiantes que había tenido en su vida. Durante años fue novelista y madre, lejos del protagonismo mediático.
Su riqueza proviene de un capítulo muy específico de la historia empresarial moderna. Scott estuvo casada durante 25 años con Jeff Bezos, fundador de Amazon. Cuando se divorciaron en 2019, recibió aproximadamente el cuatro por ciento de las acciones de la compañía. En ese momento esa participación estaba valuada en cerca de 38 mil millones de dólares, lo que la convirtió de inmediato en una de las mujeres más ricas del planeta.
Pero lo que siguió después fue lo verdaderamente extraordinario.
En lugar de crear una fundación burocrática o dedicar décadas a diseñar programas complejos, MacKenzie Scott tomó una decisión radical… regalar el dinero lo más rápido posible.
Desde 2020 ha donado más de 16 mil millones de dólares a miles de organizaciones sin fines de lucro. Y no se trata de instituciones tradicionales ni de grandes universidades que ya reciben donaciones multimillonarias cada año. Scott decidió dirigir su dinero hacia organizaciones comunitarias, muchas de ellas pequeñas, que trabajan directamente con poblaciones vulnerables.
Su enfoque rompe con varias reglas históricas de la filantropía.
Primero… dona sin exigir control.
La mayoría de los grandes donantes imponen condiciones detalladas sobre cómo debe usarse cada dólar. Scott hace lo contrario. Otorga subvenciones de gran tamaño y permite que las organizaciones decidan libremente cómo utilizarlas. En el mundo del nonprofit esto se conoce como financiamiento sin restricciones, algo extremadamente raro y profundamente valioso.
Segundo… dona rápido.
Las fundaciones tradicionales suelen distribuir solo un pequeño porcentaje de sus activos cada año para preservar el capital. Scott cree lo opuesto. Si el dinero puede ayudar ahora, debe moverse ahora.
Tercero… evita el espectáculo.
No organiza eventos de prensa ni ceremonias ostentosas. Las organizaciones receptoras muchas veces se enteran de la donación después de que el dinero ya está en su cuenta. Sus anuncios se hacen mediante breves ensayos publicados en línea donde reflexiona sobre desigualdad económica, privilegio y responsabilidad social.
Este enfoque ha cambiado la conversación global sobre cómo debería funcionar la filantropía.
Según datos del Center for Effective Philanthropy, muchas organizaciones que recibieron donaciones de Scott reportaron que fue el financiamiento más transformador en su historia. Algunas pudieron eliminar deudas, ampliar programas educativos o contratar personal adicional después de años operando con recursos mínimos.
Además su estrategia tiene un componente profundamente político aunque ella rara vez lo declare de forma explícita.
Gran parte de sus donaciones han ido a organizaciones que trabajan con comunidades históricamente marginadas: grupos que apoyan a migrantes, universidades históricamente afroamericanas en Estados Unidos, programas para mujeres, bancos de alimentos y organizaciones que promueven justicia racial.
Esto ocurre en un contexto donde la desigualdad económica global ha alcanzado niveles extremos. Según el informe 2024 de Oxfam, el uno por ciento más rico del mundo posee casi la mitad de la riqueza global. En ese escenario, el modelo de Scott parece menos una obra de caridad y más un intento de redistribución acelerada.
Pero su influencia va más allá del dinero que entrega.
Ha puesto presión indirecta sobre otros multimillonarios para que reconsideren la forma en que donan. Muchos de ellos se comprometieron públicamente a regalar la mayor parte de su fortuna a través del Giving Pledge, iniciativa promovida por Warren Buffett y Bill Gates. Sin embargo gran parte de ese dinero sigue estacionado en fundaciones que lo liberan lentamente.
Scott está demostrando que existe otra forma de hacerlo.
Una en la que el poder financiero se transfiere más rápido hacia quienes trabajan directamente con los problemas sociales.
Paradójicamente, su impacto no se debe únicamente a la cantidad de dinero que entrega sino al mensaje implícito que transmite. La riqueza extrema no necesita eternizarse para tener influencia. Puede moverse. Puede circular. Puede aliviar problemas urgentes sin esperar décadas de planeación estratégica.
Y en una época donde muchos multimillonarios compiten por construir cohetes o colonizar Marte, MacKenzie Scott decidió hacer algo radicalmente distinto… mirar hacia abajo, hacia la Tierra, hacia las comunidades que llevan años intentando resolver problemas con presupuestos ridículamente pequeños.
En silencio… sin galas… sin placas con su nombre.
Solo dinero moviéndose hacia donde hacía falta.
En México, querido lector…. culto y conocedor, donar exige menos romanticismo y más inteligencia estratégica. Tienes que identificar organizaciones con figura legal clara como Asociación Civil o Institución de Asistencia Privada registradas ante el SAT como donatarias autorizadas. Eso permite deducibilidad fiscal y mayor transparencia.
Después, revisa su impacto real. No basta con discursos emotivos. Pide reportes, estados financieros y resultados medibles.
No dejes de priorizar donaciones sin restricciones excesivas. Las organizaciones suelen necesitar pagar personal, logística y operación cotidiana, no solo proyectos vistosos.
No dejes de considerar donaciones recurrentes aunque sean pequeñas. La previsibilidad financiera es oro para cualquier causa.
Por último: dona también tiempo, conocimiento o redes de contacto. En México muchas organizaciones crecen más por conexiones que por dinero.
La filantropía efectiva no es caridad impulsiva… es inversión social bien pensada.
Just saying…
