El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este sábado a periodistas a bordo del Air Force One que solicitó a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, que su país dejara de enviar petróleo a Cuba, y que la mandataria mexicana accedió a dicha petición. Las declaraciones fueron realizadas durante su vuelo hacia Palm Beach, Florida, y representan la primera confirmación pública, desde el lado estadounidense, de un cambio en la política de suministro energético mexicano hacia la isla tras la orden ejecutiva que impone aranceles a países proveedores, emitida por Trump el jueves pasado.
En su intervención ante los medios, el mandatario estadounidense abordó varios aspectos de la crisis con Cuba. Descartó que la medida arancelaria vaya a generar una crisis humanitaria en la isla, contradiciendo directamente la advertencia pública hecha por Sheinbaum durante su conferencia matutina del viernes. “No tiene que ser una crisis humanitaria”, afirmó Trump, sugiriendo que existen vías de diálogo. Además, reveló, sin ofrecer detalles específicos, que ya ha tenido acercamientos con líderes cubanos. “Estamos empezando a hablar con Cuba (…) Creo que probablemente vendrían a nosotros y querrían hacer un trato. Así que Cuba sería libre de nuevo”, declaró.

Fue en este contexto que Trump se refirió a su interlocución con la presidenta mexicana. “La presidenta de México, la presidenta Sheinbaum, fue muy buena; le dije: ‘mira, no queremos que envíen petróleo allá’. Y ella no está enviando nada”, afirmó. Esta aseveración, recogida por la agencia Sputnik y otros medios a bordo, contrasta con el tono cauteloso y diplomático utilizado por Sheinbaum el día anterior, cuando aseguró que México exploraría alternativas para apoyar a Cuba sin poner en riesgo los intereses nacionales, pero no anunció un cese definitivo de los envíos.
Hasta el momento, el gobierno mexicano no ha emitido una confirmación o desmentido oficial sobre la declaración de Trump. Tampoco el gobierno cubano se ha pronunciado sobre los supuestos acercamientos mencionados por el presidente estadounidense. La ausencia de una réplica inmediata por parte de las autoridades mexicanas deja en un limbo la veracidad y el alcance exacto del entendimiento descrito por Trump, generando incertidumbre sobre la postura final de México en este asunto.
La orden ejecutiva firmada por Trump la semana pasada constituye el mecanismo de presión directa. Esta permite a Washington imponer aranceles “ad valorem” a las importaciones de bienes procedentes de cualquier país que venda o suministre petróleo a Cuba. La medida apunta directamente a México, que se había convertido en un proveedor crucial de hidrocarburos para la isla luego de que la administración Trump lograra suspender prácticamente los envíos subsidiados desde Venezuela, tras tomar el control de los recursos petroleros de ese país.

La dependencia cubana del crudo mexicano era significativa. Reportes indican que en 2025, México registró el mayor volumen de exportaciones petroleras a Cuba en un cuarto de siglo, con un valor estimado de 10 mil millones de pesos. Sin embargo, en las últimas semanas, y previo al anuncio de la orden ejecutiva, la empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) ya había detenido los embarques, una decisión cuyas razones no fueron completamente explicadas y que ahora parece alinearse con la narrativa presentada por Trump.
Las implicaciones de un corte total del suministro mexicano serían graves para Cuba. La isla enfrenta una crisis energética estructural con apagones que superan las 10 horas diarias en algunas regiones, afectando hospitales, bombas de agua, comercios y la vida cotidiana. La combinación de esta escasez con la falta de divisas y el embargo estadounidense ha creado una situación económica extremadamente frágil. La afirmación de Trump de que “seremos amables” y de que se llegará a un acuerdo sugiere que su administración podría estar planteando una negociación condicionada, donde la relajación de la presión estaría sujeta a concesiones políticas o económicas por parte del gobierno cubano.
El desarrollo de este episodio será crucial para definir el triángulo de relaciones entre Washington, La Habana y Ciudad de México. La declaración de Trump pone a la administración de Sheinbaum en una posición delicada: debe balancear su tradición de solidaridad con Cuba y su principio de autodeterminación con la realidad de su relación económica y de seguridad con Estados Unidos. La esperada respuesta oficial mexicana aclarará si hubo un acuerdo explícito como sugiere Trump, o si se trata de una interpretación unilateral de las conversaciones diplomáticas en curso.
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