La novela de Rocha Moya ha tenido más giros que cualquier novela mexicana de los años 90. Porque sí, antes México exportaba novelas, ahora pura turca pobremente traducida. Para retomar la historia protagonizada por el Gobernador con licencia, es necesario regresarnos al 25 de julio de 2024, día en que el Mayo Zambada fue trasladado a Estados Unidos junto con uno de los hijos del Chapo, para entender cómo se han movido las piezas desde entonces.
Dicen que en la política no hay sorpresas, solo sorprendidos. Y es que imagínense por un momento estar en los zapatos del Mayo Zambada: asistir a una reunión convocada por tu ahijado para terminar preso con cargos de delincuencia organizada en Estados Unidos. Quien se sumó a la lista de los sorprendidos fue el mismísimo presidente Andrés Manuel López Obrador, como lo demostró en su mañanera del 26 de julio de 2024, cuando el caso llegó por primera vez al atril. Desde ahí, el primer mandatario solicitaba explicaciones al vecino del norte: cómo, quién, dónde.
Lamentablemente, la primera versión de los hechos, y la que hasta la fecha se acerca más a la verdad histórica, vino del puño y letra del narcotraficante «El Mayo». Sin embargo, como es costumbre, el oficialismo y su camarilla de reporteros tuvo a bien menospreciar la versión quesque porque venía de un delincuente. Solo habría que recordarles a más de uno que García Luna está en la sombra gracias a las declaraciones de un convicto.
Volviendo al territorio mexicano, ya en el sexenio de la doctora Sheinbaum el caso revivió este julio de 2026, cuando un reportaje reveló que la aeronave que trasladó al Mayo terminó exhibida en un museo de Nuevo México, presentada por el FBI como trofeo. A sugerencia de la presidenta, la Fiscalía General de la República, encabezada por su «close friend» Ernestina Godoy, salió a dar una conferencia de prensa para informar los avances en la investigación del «secuestro» del Mayo por autoridades estadounidenses. A través de una relatoría digna de un reclamo marital, la fiscalía culpó de todo al ex embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, por mentir y más mentir.
Se les olvida que Ken Salazar y el Macuspano eran íntimos, ya que fuentes oficiales reportan que el embajador estuvo por lo menos 50 veces en Palacio Nacional. Y para acabarla, en su libro más reciente, «Borderlands: Mi lucha por una América inclusiva», a Salazar se le hizo chistoso ventilar una declaración del expresidente que, se haya hecho o no, tuvo que haberse mantenido privada. Nuevamente, la traición viene siempre de quien menos esperas.
En el último capítulo de esta telenovela se dio a conocer que fue el propio FBI el artífice de la operación, «Traigan al Mayo a casa», a la que la agencia calificó, sin pudor, como «heroica y sin precedentes». Pero eso no fue todo: tristemente, las autoridades mexicanas tuvieron en sus manos al piloto encargado del «delivery» del Mayo a Estados Unidos. Lo tuvieron, lo detuvieron por portación de armas y lo reentregaron al otro lado del río Bravo, junto con esos paquetes masivos de delincuentes que mandaban a diestra y siniestra.
Lo peor es que, de acuerdo con los hechos registrados hasta el momento, el servicio de inteligencia mexicano permitió que una aeronave saliera del territorio nacional con un encargo que supuestamente las autoridades mexicanas ya estaban buscando desde hacía rato. Y ahora que lo tiene Estados Unidos, lo quieren de vuelta «right now»: la FGR ya solicitó formalmente su extradición, que Washington, por cierto, negó.
Finalmente, a un medio nacional se le ocurrió pedirle cuentas al gobierno más transparente que hemos tenido. El atrevimiento terminó justo donde tenía que terminar: con toda la información bajo reserva por cuestiones de «seguridad nacional».
Y es que de qué sirve que pidan PRUEBAS, PRUEBAS, PRUEBAS, si cuando les manden la información la van a reservar.
En fin, esta historia continuará…
