¿La CNTE está cerca de su final?

Filiberto Cruz Monroy
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Durante décadas, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) construyó una reputación que pocos movimientos sociales en México pueden presumir. Su capacidad de movilización, presión política y resistencia la convirtió en un actor que ningún gobierno podía ignorar. Sin embargo, los acontecimientos recientes abren una pregunta incómoda para sus dirigentes y simpatizantes: ¿estamos presenciando el inicio de una etapa de debilitamiento que podría cambiar para siempre su relación con el poder?

La CNTE llegó a este conflicto con una lista de demandas ambiciosas y, desde su perspectiva, legítimas. Exige la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, un aumento salarial del 100%, el cálculo de las pensiones en pesos y no en UMA, mayores recursos para la educación pública y cambios profundos en los mecanismos de evaluación y asignación de plazas. Son demandas que tocan temas sensibles para miles de trabajadores de la educación.

Sin embargo, la política no se mide únicamente por la legitimidad de las exigencias. También se mide por los resultados obtenidos. Y es ahí donde comienzan las dificultades para la Coordinadora. Durante semanas buscó aumentar la presión sobre el gobierno federal mediante plantones, bloqueos y movilizaciones. Incluso intentó colocar sus protestas en el centro de la conversación nacional durante el arranque del Mundial. Los enfrentamientos con la policía mostraron el nivel de tensión alcanzado. Pero el desenlace no fue el esperado.

La presidenta Claudia Sheinbaum endureció su postura. Primero se canceló una reunión con la CNTE. Después vino un mensaje todavía más contundente: la mandataria señaló que dialogar con la organización ya no tenía sentido en los términos planteados hasta ahora y anunció una consulta directa en las escuelas con los maestros. En otras palabras, el gobierno parece estar buscando una ruta alterna para escuchar al magisterio sin depender exclusivamente de los líderes de la Coordinadora.

Esa decisión puede representar un punto de inflexión. Durante años, la fuerza de la CNTE radicó en su capacidad para convertirse en interlocutor obligado. Si el gobierno logra establecer mecanismos paralelos de consulta y negociación, la organización podría perder parte de la influencia que le permitió obtener concesiones en el pasado.

Por supuesto, sería un error declarar su desaparición política. La CNTE conserva estructuras organizativas sólidas, presencia en varios estados y experiencia en movilización social. Además, sus dirigentes ya anunciaron nuevas marchas en Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México. La capacidad de protesta sigue ahí.

No obstante, también existen señales de desgaste. Muchos maestros que participaron en el plantón regresaron a sus estados. Mantener movilizaciones prolongadas implica costos económicos, familiares y laborales. Ningún movimiento puede sostener indefinidamente el mismo nivel de intensidad sin resultados concretos.

A esto se suma otro factor: el gobierno no cerró completamente la puerta. Rechazó derogar la Ley del ISSSTE, argumentando que sería financieramente inviable, pero ofreció alternativas. Entre ellas se encuentran la desaparición de la USICAMM, una comisión permanente para revisar el sistema de pensiones, el fortalecimiento del PensionISSSTE y una consulta nacional para una nueva reforma docente. Es decir, existe una negociación parcial, aunque no en los términos que exige la Coordinadora.

La gran incógnita es qué ocurrirá ahora dentro de la propia organización. Cuando un movimiento enfrenta una etapa de resultados limitados suelen surgir diferencias internas. Algunos grupos apuestan por radicalizar las acciones; otros prefieren replantear estrategias y buscar acuerdos graduales. Esa tensión podría convertirse en uno de los principales desafíos para la CNTE en los próximos meses.

Por eso la pregunta ya no es únicamente si el gobierno cederá o no ante las demandas. La pregunta es si la Coordinadora podrá adaptarse a un escenario político distinto. Porque los movimientos sociales rara vez desaparecen de un día para otro. Lo que suele ocurrir es algo más complejo: cambian, se fragmentan, pierden influencia o encuentran nuevas formas de presión. Tal vez no estemos viendo el final de la CNTE. Pero sí podríamos estar observando el final de una etapa en la que su capacidad de negociación parecía incuestionable. Y en política, perder la certeza de ser indispensable suele ser el comienzo de transformaciones profundas.

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