Un escándalo internacional sacude a Bolivia tras descubrirse que miembros de la secta Estados Unidos de Kailasa, un «país» ficticio fundado por el gurú hindú Nithyananda Paramashivam, intentaron apropiarse de tierras indígenas mediante contratos ilegales con vigencia de 1,000 años. Las autoridades bolivianas ya expulsaron a 20 extranjeros vinculados a esta organización, acusada de engañar a comunidades originarias con falsos acuerdos de cooperación.
Paramashivam, buscado por Interpol por violación y secuestro de menores en India, creó esta supuesta nación en 2019, con su propia bandera, moneda y pasaporte. Según la Dirección de Migración de Bolivia, la secta contactó a indígenas de Beni y Pando para firmar convenios que incluían cláusulas absurdas: cesión de soberanía, uso exclusivo del espacio aéreo y exenciones fiscales totales. «Es una estafa. Las tierras comunitarias son inalienables», denunció Jhovana Morales de la Fundación Tierra.
El operativo gubernamental comenzó en la comunidad Cayubaba, donde se detuvo a tres extranjeros con documentos de transferencia ilegal de tierras. En Santa Cruz, otros 17 miembros fueron hallados en una vivienda. Todos ingresaron como turistas pero planeaban establecerse permanentemente. «Incumplieron las normas migratorias», explicó Katherine Calderón, directora de Migración, quien destacó que Paramashivam es un delincuente internacional con acusaciones por violencia sexual.
La trama se complica al descubrir que representantes de Kailasa lograron infiltrarse en eventos oficiales. Una foto muestra al presidente Luis Arce recibiendo un libro de una integrante durante un acto de la CIDOB en octubre de 2024. Pese a esto, el gobierno boliviano negó cualquier relación con la secta. «Nunca avalaremos estos contratos ocultos», afirmó el ministro de Desarrollo Rural, Yamil Flores.
Esta no es la primera vez que Kailasa intenta establecerse en otro país. En Ecuador, la organización indígena Confeniae alertó en 2024 sobre su presencia, mientras que en Paraguay un ministro fue destituido por firmar un acuerdo con ellos. Incluso lograron participar en dos sesiones de la ONU en Ginebra, pese a no ser un Estado reconocido.
Lo más inquietante es la narrativa de la secta: alegan que sus tierras originales se hundieron en el océano Índico, por lo que buscan nuevos territorios. Detrás de esta farsa está Paramashivam, quien se autoproclama «dios viviente» y controla a sus seguidores en lo que parece ser una estructura de culto más que un gobierno legítimo.
Prospectiva
El caso Kailasa expone vulnerabilidades en la protección de territorios indígenas y la regulación migratoria. Si bien Bolivia actuó rápido, el riesgo persiste: la secta sigue activa globalmente y podría intentar establecerse en otros países con comunidades vulnerables. Esto obligará a los gobiernos a fortalecer controles y cooperación internacional para evitar que grupos fraudulentos exploten vacíos legales. Mientras tanto, las comunidades originarias bolivianas deberán recibir protección estatal contra este tipo de engaños.
