Gratia

Cristian Trejo
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La dicha y gracia de proponer, y me refiero hacia tener una actitud de proposición como esa forma de reivindicación en todo momento ante la adversidad buscando una alternativa, de no tomarlo con fatalismo, sino todo lo contrario, observar que es parte de las acciones de la vida y eso que sirva para poder reflexionar sobre la posibilidad de poder llevar a cabo una transformación profunda del Ser, no solo a través de la generación de ideas abstractas, sino bajo el contexto de la vida misma, en las decisiones e interacción con los otros. 

La gracia nos solo se debe entender como un concepto religioso o místico, todo lo contrario, verlo desde un principio filosófico que trasciende las convenciones racionalistas para explorar qué ocurre en el interior del sujeto y su entorno; tradicionalmente, se ha buscado responder preguntas fundamentales sobre ¿cómo debemos vivir?, ¿qué es lo correcto?, y cómo nuestras decisiones afectan a los demás y repercuten en nosotros mismos. Cuando integramos el concepto “Gracia” estamos en un terreno que a menudo se asocia con la religión, pero tiene una dimensión ética y existencial, bajo la posibilidad de lo que ocurre en el límite de la libertad y la responsabilidad.

Siguiendo este sentido de ideas, la “Gracia” es un principio que abre un espacio a lo inesperado, lo imprevisto y/o inexplicable y se reconfigura tanto en las relaciones interpersonales como la relación con uno mismo y el mundo. Desde la filosofía práctica Wilhelm Friedrich Hegel (Fenomenología del espíritu) describe el proceso dialéctico bajo el cual el ser humano se va desarrollando a través de la historia, de las relaciones interpersonales y de auto-conciencia. Dentro de este proceso la “Gracia” puede ser vista como la experiencia que excede al ego, algo que emerge en las relaciones de reconocimiento entre los individuos, cuando se llega a supera la independencia de la individualidad en pro de una conciencia colectiva.  

En este sentido, la Gracia, no es un don divino, sino una revelación histórica que se da en el encuentro con el otro, y que permite al individuo superar las limitaciones y llegar a una mayor integración del espíritu. Recordar que para Hegel, la ética y la libertad están profundamente conectadas en este proceso de reconciliación, lo que implica, una cierta “gracia”, que atraviesa y transforma la historia humana.

No obstante como se sabe, existe una postura en contrario, Kierkegaard (Temor y Temblor y La enfermedad mortal) ofrece la visión compleja de este concepto, donde abordan la relación del individuo con lo divino, destacando que la “gracia” no puede ser comprendida desde una lógica humana, se trata de un salto existencial, de la paradoja que trasciende a la razón y la moralidad convencional. Sostiene que la “gracia” es el punto de ruptura de la autonomía humana, un regalo que llega de forma inesperada y transforma a la persona en su núcleo más profundo. No es algo que se pueda “ganar” o “merecer”, sino que es una intervención que cambia la vida del individuo de manera radical.

La conjetura está en la mesa, la “gracia” puede ser vista desde una concepción de la actitud donde se cultiva a diario, se puede dar bajo la capacidad de responder a la vulnerabilidad del otro y respetar lo que se encuentra fuera de nuestro control, para reconfigurar la forma en que vivimos nuestras relaciones inter-personales, actuando con cautela y fuera de algún pensamiento despectivo ¿y tú como conceptualizas la gracia? y más aún, ¿como la aplicas?, ¿qué significado tiene para tú vida?…

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