Feliz solsticio de invierno 

Joel Nava Lara
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Es en estás fechas, más que en otras, en las que se hace evidente la importancia de la astronomía en la vida religiosa. Y no me refiero solo a la religión católica, también a otras religiones como el Judaísmo, varias precristianas e incluso las religiones originarias de Mesoamérica. Todas ellas coinciden en que el solsticio de invierno, alrededor del 21 de diciembre del calendario estándar, es de relevancia por sus implicaciones astronómicas.

Es en este solsticio cuando comienza la etapa más fría del año, el invierno, en el casquete norte de nuestro planeta. Recordemos que la gran mayoría de las grandes civilizaciones antiguas vivían en esta región y que incluso ahora más de la mitad de la población del mundo aún lo hace, de ahí que estas observaciones sean desde el punto de vista del casquete norte, mientras que en el sur comienza el verano, un pequeño regalo de la inclinación del eje de rotación de la Tierra.

Además del comienzo del invierno, se destaca el 20 de diciembre por ser el día con menos horas de luz, el día más corto del año. El sol apenas estuvo en el cielo de la Ciudad de México durante unas 10 horas, 58 minutos y 20 segundos, mientras que un día antes y un día después pasó un segundo más en él. Esto cambia según la latitud en la que nos encontremos, por ejemplo, en Chiapas pasó 11 horas y casi 12 minutos en el cielo, cada uno de los días 19, 20 y 21 de diciembre, mientras que en Baja California los días 19 y 20 el sol estuvo apenas 10 horas y nueve minutos en el cielo, nuevamente gracias a la inclinación del eje de la tierra respecto al plano sobre el que está la órbita alrededor del Sol.

En casi todas las culturas al norte del Ecuador, este fenómeno en el que el día dura tan poco ha sido visto como un fin del año solar, el fin de un ciclo, por lo tanto, también se ve como el renacimiento de la vida, del Sol y de varios de los dioses de diferentes religiones o sus encarnaciones. Tal es el caso de Jano, el dios romano que tiene dos caras, una viendo hacia atrás y otra al frente, una viendo al pasado y la otra al futuro, a quien los romanos le festejaban precisamente en estas fechas. Al igual que Huitzilopochtli, dios del Sol de los Mexicas, cuyo culto se vió extendido por todo el imperio que estos conquistaron y que fue el personaje a quienes los evangelizadores españoles utilizaron para ser reemplazado por Jesucristo. Ambos nacidos de manera virginal, perseguidos incluso desde antes de nacer y cuyos nacimientos coincidían con el solsticio de invierno o alrededor de él. 

La historia de por qué festejamos la navidad el 25 de diciembre y no el 21 o 20, corresponde con un desfase del calendario que se utilizaba hasta el año 1582, pues en el calendario Juliano, el implementado por Julio Cesar y utilizado desde entonces, el nacimiento de Jesús coincidía con el solsticio de invierno. Al pasar al calendario actual, el Gregoriano, al día 4 de octubre de 1582 siguió el 15 de octubre del mismo año, con esto, se resolvió el problema del desfase notorio en los equinoccios y solsticios de los años recientes. El calendario Juliano tenía esa desventaja, no medía de manera tan precisa el año solar e introducía un error de un día cada 128 años, mientras que el Gregoriano lo hace cada 3800 años aproximadamente, lo cual aún provoca que el solsticio de invierno a veces ocurra el 19 de diciembre o incluso hasta el 23. Por cierto, el calendario Maya es más preciso que cualquiera de estos dos.

Sea cual sea la fiesta que se festeje, el origen parece ser el mismo, el renacimiento del Sol en el cielo. En el cerro de Chapultepec existe un lugar en el cual se puede observar en estos días al Sol naciendo del Iztaccihuatl, lugar en el cual se ha encontrado una especie de trono en el que el emperador mexica de ese momento podía observar año con año este nacimiento, una especie de observatorio astronómico reservado solo para el emperador y los sacerdotes. 

¡Feliz Solsticio de Invierno y Felices fiestas!

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