Exdueño de Santos y Atlas es prófugo de la justicia

Filiberto Cruz Monroy
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Alejandro Irarragorri, el empresario que llevó a Santos Laguna y Atlas a la gloria futbolera, ahora enfrenta un partido mucho más complicado: una orden de captura por presunta defraudación fiscal de más de 17 millones de pesos. Según información exclusiva, la Fiscalía General de la República (FGR) lo busca activamente después de que no se presentó a una audiencia judicial clave.

El caso se remonta a marzo, cuando Irarragorri compareció por videollamada ante un juez, pero se negó a asistir presencialmente días después. Su ausencia lo colocó formalmente como «sustraído de la justicia», según la jueza Karla Cecilia Marín, quien validó la orden de captura bajo el artículo 141 del Código Nacional de Procedimientos Penales.

La investigación revela que, durante su gestión en Santos Laguna, Irarragorri habría utilizado un fideicomiso para pagar más de 54 millones de pesos a jugadores y cuerpo técnico bajo el concepto de «primas indemnizatorias de riesgo de trabajo», lo que les permitió evadir impuestos. Entre los beneficiados figuran estrellas como Djaniny Tavares, Néstor Araujo y Jonathan Rodríguez.

Lo más sorprendente es que estos pagos se realizaron bajo un contrato colectivo del Sindicato de Trabajadores Hoteleros, una maniobra que las autoridades consideran fraudulenta para eludir el Impuesto Sobre la Renta (ISR).

Su equipo legal alega que hubo irregularidades procesales y que la audiencia fue suspendida injustificadamente, por lo que ya interpusieron un amparo para anular la orden de captura. Mientras tanto, Irarragorri dejó la presidencia de Santos en octubre pasado, traspasando el mando a su hijo, Alejandro Irarragorri Kalb, de apenas 24 años.

Prospectiva


Si el amparo no prospera, Irarragorri podría enfrentar procesos penales y una posible extradición si se encuentra fuera del país. Este caso no solo pone en jaque su reputación, sino que también expone las prácticas financieras opacas en el futbol mexicano. Mientras la FGR sigue su rastro, el exmagnate del balón vive su peor partido: uno donde no hay trofeos, solo riesgo de prisión.

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