De nada sirve aludir a expresiones que ensalzan a la virtud, si en la actuación se presenta todo lo contrario, la acción antecede a la reflexión, en la carente inconsistencia de una apreciación donde la visión no tiene un enfoque y es desprovisto en la aplicación, llegar al punto donde el panorama sea visto desde la perspectiva de lo general a lo particular, es ahí donde se encuentra la gran labor, dice el adagio popular el “diablo está en los detalles”, pero ¿cuál puede parecer el detalle?, pude venir en una envoltura, en diferentes formas donde lo simple puede parecer complejo o viceversa; lo que para unos puede parecer normal para otros es algo que no cuadra.
Lo anterior, se puede ver bajo una actuación muy común, que se utiliza cuando pregonamos la coherencia en un mundo cada vez más distante de ello, y por otro lado, están los abnegados que hipócritamente navegan con cara de “buenas costumbres” ni una, ni otra, hasta que no reconozcamos que somos seres humanos susceptibles al error por la fragilidad misma del ser humano, y que aprendamos a disfrutar el proceso en vez de estar buscando el objetivo a toda costa, podremos estar más acorde en el entendimiento de las coincidencias, más allá de las diferencias.
Aquel que toma la responsabilidad del timón de su barco, sabe perfectamente que luchar contra las olas, no es una opción; las observa, las acepta y con sabiduría las utiliza a su favor. Tal como lo ha de haber imaginado Epicteto (Enchiridion), mimeticemos por un momento y adentremos en su frase “no nos afectan los eventos, sino la forma en la que respondemos a ellos”, enfrentarnos a la tempestad del estrés laboral, la ansiedad por el futuro, encuadrar en las expectativas sociales y la incertidumbre política; que puede parecer agotador, pero algo que debemos tener claro es, hay factores que no podemos controlar, pero sí debemos saber cómo vamos a responder ante las dificultades que se presenten.
Dentro de nuestra vida diaria, las “olas” pueden tomar forma de correos electrónicos abrumadores, problemas financieros inesperados e interacciones humanas con alto grado de tensión. Antes de dejarse arrastrar por la corriente del caos, es necesario colocarse en el centro y poner orden; y no me refiero precisamente a mantener el control, sino todo lo contrario a saber responder ante cualquier eventualidad que se haga presente, centrando la creatividad para poder gobernar, no solo los pensamientos, sino las acciones.
Para tratar de navegar ante la tempestad que parece ser feroz e imposible de encontrar la calma, y para ello cuando te sientas que no puede seguir más, y que sientas que el mundo te come y te vomita al mismo tiempo, recuerda a Séneca (Cartas a Lucilio) cuando expuso: “la dificultad es lo que hace grande al hombre”, asumamos el carácter para no buscar lo fácil, todo lo contrario vamos a andar entre la dificultad, pero siempre con el objetivo claro y firme hacia dónde queremos llegar, la forma puede variar pero si tenemos el camino claro, no habrá distractor alguno, hay que ser diestro al navegar, recordar que la naturaleza misma nos enseña a sembrar la buena semilla, ser paciente y esperar, con una actitud afable siempre por delante… Animus…
