Elecciones en el PAN; el partido se juega su supervivencia

Filiberto Cruz Monroy
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El PAN (Partido Acción Nacional) atraviesa una profunda crisis que se refleja tanto en su pérdida de poder territorial como en el éxodo de militantes. En 2016, el partido gobernaba simultáneamente 11 estados, pero hoy solo mantiene el control en tres: Aguascalientes, Chihuahua y Guanajuato. Además, su base de afiliados ha disminuido drásticamente, con solo 277 mil 665 militantes registrados, un número apenas superior al mínimo requerido por el Instituto Nacional Electoral (INE) para conservar su registro como partido, que es del 0.26% del Padrón Electoral Federal, equivalente a 246 mil 270 personas.

En comparación con otras fuerzas políticas, la situación del PAN es alarmante. El partido Morena cuenta con más de 2.3 millones de militantes, mientras que el PRI tiene 1.4 millones y Movimiento Ciudadano registra 384 mil afiliados. Estas cifras subrayan la desventaja que enfrenta el PAN en términos de organización y apoyo popular, lo que se ha reflejado también en los resultados de las últimas elecciones. En la pasada elección presidencial, el PAN solo logró 16.04% de los votos, con un rendimiento aún más bajo en las diputaciones (0.63%) y senadurías (1.94%).

Expertos y analistas políticos coinciden en señalar que la crisis del PAN es principalmente ideológica. La coalición con el PRI y el PRD durante el periodo de alianzas ha sido considerada como uno de los principales factores que llevaron al partido a perder su identidad política. Panistas históricos, como el exgobernador de Querétaro Francisco Domínguez Servién, el nieto del fundador del partido Manuel Gómez Morín y Ernesto Ruffo Appel, han expresado que la alianza con el PRI fue un error estratégico que desvirtuó los principios fundacionales del PAN. Además, se ha denunciado que los actuales líderes del partido, Marko Cortés y su antecesor Ricardo Anaya, mantienen el control del padrón de militantes, lo que ha generado descontento interno.

El llamado a una refundación del PAN es una demanda cada vez más fuerte dentro de la militancia. Gómez Morín ha sugerido suspender el proceso interno de elección y formar una dirigencia interina para iniciar un proceso de renovación. En este contexto, el diputado Jorge Romero se perfila como el principal candidato para relevar a Marko Cortés en la dirigencia del partido. Sin embargo, su ascenso no está exento de controversia. Según Francisco Domínguez, Jorge Romero representa la continuidad del grupo político que ha dominado el PAN en los últimos años, un grupo que, según las críticas internas, fue responsable de las decisiones que llevaron al partido a la crisis actual.

Por otro lado, Adriana Dávila, quien también se ha perfilado como una opción para liderar el PAN, tiene méritos personales para ocupar la dirigencia, pero su apoyo proviene de liderazgos panistas desplazados, los cuales no aportan las soluciones necesarias para renovar generacionalmente al partido. La falta de una visión fresca y renovadora podría seguir siendo uno de los mayores obstáculos para la recuperación del PAN, que necesita más que nunca una verdadera transformación tanto en su estructura interna como en su relación con la ciudadanía.

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