El museo Tamayo resucita el arte y triplica su colección

Filiberto Cruz Monroy
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En 1981, Rufino Tamayo y su esposa Olga donaron 315 obras de arte para sembrar lo que hoy es el Museo Tamayo. Cuatro décadas después, ese «pie de crecimiento» se ha triplicado, superando las 1,000 piezas. «No es solo un número: es un diálogo entre el pasado y el presente», revela Juan Carlos Pereda, curador desde 1986. ¿El secreto? Donaciones, el programa Pago en Especie y adquisiciones que incluso sorprenderían al propio Tamayo.

La exposición estrella del museo reúne 50 obras de 21 artistas añadidos en la última década, muchas nunca antes exhibidas. Desde instalaciones con suéteres heredados (como Cadenas cuadrillé de Mariela Scafati) hasta piezas que exploran violencia y erotismo, la muestra cuestiona: ¿Qué es lo contemporáneo? «El arte aquí es un detector de conflictos: geopolítica, identidad, memoria… hasta la ropa vieja tiene voz», explica Lorenza Herrasti, curadora.

Imagina un vestido de terciopelo junto a un suéter de cachemira, montados sobre una mesa que imita puestos callejeros de Nueva York. Esa es la obra de Scafati, que usa prendas de su abuela para hablar de clase, rituales y resistencia. «Tamayo jamás imaginó esto, pero es la prueba de que su visión sigue viva», confiesa Pereda. ¿El mensaje? El arte no está en los materiales, sino en las historias que estrangulan (o abrazan).

La exposición es un who’s who del arte global: desde el mexicano Gabriel Orozco hasta la argentina Fernanda Laguna. Wolfgang Tillmans y Francis Alÿs comparten espacio con creadores emergentes que hackean el concepto de «alta cultura». «Aquí no hay jerarquías: una instalación con nudos eróticos vale lo mismo que una pintura clásica», bromea Herrasti.

Prospectiva

El futuro del Museo Tamayo apunta a ser un laboratorio de lo impredecible. Con adquisiciones que mezclan inteligencia artificial, activismos textiles y memorias migrantes, su acervo podría quintuplicarse para 2030. Pero el reto es claro: mantener vivo el espíritu de Tamayo sin caer en la nostalgia. ¿La apuesta? Que las próximas obras no solo «dialoguen» con el pasado, sino que le griten. Después de todo, como dice Scafati: «El horizonte siempre se aleja… pero el arte corre más rápido».

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