I. La promesa divina… versión beta
Alguna recomendación me llevo a las letras de Yuval Noah Harari en Homo Deus y en este libro, nos lanza la carnada más seductora del futuro: dejar de ser simples humanos para convertirnos en algo parecido a dioses. Longevidad, felicidad optimizada, inteligencia aumentada. Básicamente un upgrade biológico con membresía premium.
El discurso suena glorioso: vencimos al hambre, a la peste y a la guerra (al menos en buena parte del mundo), y ahora toca ir por la trilogía final: inmortalidad, felicidad y divinidad. Nada mal para una especie que hace apenas unos milenios se emocionaba por descubrir el fuego.
El problema es que la realidad es menos divina y más tecnológica: en lugar de alcanzar la eternidad, alcanzamos el captcha. En vez de trascender la condición humana, trascendimos la paciencia tratando de recordar si la contraseña era con mayúsculas, números o el nombre del perro con guiones bajos.
La evolución no nos llevó al Olimpo; nos llevó a “¿acepta cookies?”.
II. El espejismo del control
Harari insiste: el gran proyecto del siglo XXI no es sobrevivir, sino mejorar la especie. Silicon Valley ya juega a ser Dios con biotecnología, edición genética y sueños de criogenia. En teoría, no se trata de vivir mejor, sino de vivir para siempre.
Pero mientras la élite tecnológica promete “control total de la vida”, el resto apenas controla el WiFi. Pasamos de cazar mamuts a cazar señal. La humanidad soñaba con hackear la biología; nosotros hackeamos el plan de datos para llegar al fin de mes.
La búsqueda del control absoluto terminó en “modo oscuro” y “brillo automático”.
III. Google, nuestro nuevo oráculo
Antes, los sapiens sacrificaban animales para preguntarles a los dioses por el futuro. Ahora sacrificamos privacidad en Google a cambio de predicciones más inmediatas: “¿me está ignorando porque no le gusto o porque está ocupado?”.
Harari habla de dataísmo: la nueva religión universal donde los datos y los algoritmos son los verdaderos dioses. Y sí, ya lo vivimos:
- Spotify adivina tu estado de ánimo mejor que tu terapeuta.
- Amazon sabe lo que vas a comprar antes de que tú sepas que “lo necesitas”.
- El Apple Watch se convierte en tu sacerdote portátil, recordándote cuándo respirar.
No somos Homo deus: somos Homo data, creyentes devotos del santo algoritmo.
IV. La eternidad por mensualidad
El sueño transhumanista es vencer la muerte. Pero en la práctica, la inmortalidad ya existe: se llama suscripción. Netflix, Spotify, Microsoft 365: pagas o desapareces. La eternidad se cobra por mensualidad.
Harari habla de alargar la vida mil años; los bancos ya lo resolvieron: 24 meses sin intereses. Y si no puedes pagar, siempre puedes reencarnar en LinkedIn, donde tu perfil seguirá existiendo aunque tú no.
La divinidad nunca fue tan frágil ni tan dependiente de una tarjeta de crédito.
V. El dilema sapiens: libertad o 5% de descuento
Harari plantea que el futuro de la humanidad está en la disyuntiva: mantener nuestra libertad o cederla al algoritmo que nos optimiza. La verdad es que ya elegimos. Cedimos la libertad por un cupón digital y 5% de descuento en la primera compra.
Aceptamos cookies como quien firma un contrato social 2.0. No sabemos qué cedemos, pero apretamos “Aceptar” para seguir viendo memes. El sapiens cazaba mamuts; nosotros cazamos WiFi gratis. Ese es el salto evolutivo.
VI. Conclusión: el dios cansado de hacer scroll
La modernidad nos prometió un salto cuántico hacia lo divino. Harari lo advierte: podemos jugar a ser dioses, pero también podemos convertirnos en esclavos felices que confunden libertad con personalización del feed.
El sapiens soñaba con la eternidad. El Homo deus solo quiere una cosa: que el bendito captcha deje de preguntarle si sabe distinguir un semáforo de una bicicleta.
Oliver Cardoso
Dependiente digital de cuentas pendientes (y 27 contraseñas olvidadas).
