A cuatro días del brutal ataque que cobró la vida de un padre y sus dos hijos menores en Culiacán, la sociedad civil salió a las calles en una marcha pacífica exigiendo justicia y pidiendo que los niños queden fuera del violento conflicto entre grupos delincuenciales que azotan Sinaloa.
Las víctimas, identificadas como Gael, de 12 años, y Alexander, de 9, perdieron la vida tras un intento de robo a vehículo perpetrado por civiles armados en el sector Los Ángeles. Alexander falleció dos días después del ataque, mientras que su padre, Antonio, murió en el lugar.
La manifestación ciudadana comenzó en la primaria Sócrates, donde Alexander estudiaba, y continuó por la avenida Álvaro Obregón hasta el Palacio Municipal. Miles de personas, incluidas familias completas y activistas, se unieron al clamor de paz, portando globos blancos, veladoras y una lona con la imagen de las víctimas.
“Queremos que esto pare. No podemos transitar con tranquilidad, y las autoridades no hacen nada para evitarlo”, expresó una madre de familia. Las consignas “con los niños no” y “fuera Rocha” resonaron durante todo el recorrido, criticando la gestión del gobernador Rubén Rocha Moya.
El contingente avanzó hacia el Palacio de Gobierno, donde los manifestantes exigieron ser atendidos por el mandatario. Sin respuesta inmediata, algunos irrumpieron en el recinto. Durante la marcha, activistas como Óscar Loza señalaron que la cifra de 21 niños asesinados en contextos de violencia en la región es inaceptable y lamentable.
Mientras tanto, la Secretaría de Seguridad Pública anunció un operativo para eliminar el polarizado de vehículos, argumentando que dificulta la identificación de pasajeros y aumenta el riesgo de confusiones mortales. Sin embargo, para los ciudadanos, estas medidas no atacan el verdadero problema.
Paralelamente a la marcha, la capital sinaloense vivió nuevos episodios de violencia, incluyendo un ataque contra policías municipales frente al Parque 87. Estos eventos obligaron a muchos padres a abandonar la marcha para recoger a sus hijos en las escuelas cercanas.
“Estamos hartos. Ni siquiera podemos exigir paz sin que algo ocurra”, lamentó una madre, dejando claro el clima de inseguridad y miedo que prevalece en Culiacán.
