Clientes ghosting (el club de los maleducados)

Iván Fernández De Lara
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Hay un nuevo tipo de fauna en el ecosistema corporativo, no se arrastra como los vendedores insistentes ni vuela como los gurús de cartón. No.
Esta especie tiene un hábito peculiar: aparece entusiasmada, exige tu tiempo como si cotizara en bolsa, y luego… desaparece.

Sí, hablamos de los clientes ghosting, una tribu en expansión, especialmente en sectores que deberían tener mejores modales: financiero, tecnología, multinacionales con logos brillantes y cultura laboral tan vacía como sus respuestas por WhatsApp.

El fenómeno siempre empieza igual:
Ellos te buscan, ellos,  solicitan información como si fueran a cerrar mañana,  te piden propuestas, detalles, Zooms, tal vez hasta una NDA (porque claro, su idea disruptiva de pagar a 90 días es confidencial) y  tú te emocionas, proyectas, te ilusionas.
Les haces propuestas a medida, con valor agregado, con análisis, incluso cedes algo en el precio porque «es una cuenta importante».

Y justo cuando crees que va en serio… Desaparecen.

Ni un gracias. Ni un “ya no va a suceder”, solo silencio, un “visto”  en WhatsApp que duele como traición amorosa.

Peor aún, cuando te animas a pedirles 30 minutos para presentar tu propuesta, te contestan con esa mezcla de prisa y desdén: “Mejor mándamela por correo, estoy a full en otros proyectos.”

Claro, porque lo que era urgente, ahora tiene que esperar hasta que Elon Musk los nombre country manager de Marte.

Y si preguntas por los decisores, mágicamente aparecen nuevos nombres que jamás fueron mencionados, ¿cómo es que nadie te avisó que la cuñada del CFO también decide?

Esto no es solo falta de profesionalismo, es una mala educación disfrazada de agenda llena, una cultura tóxica donde la cortesía cuesta más que las soluciones que venden.

¿Qué generan en la gente?

– Expectativas inútiles.
– Pérdida de horas valiosas que no volverán.
– Frustración que se acumula como archivo .pptx que jamás fue abierto.
– La certeza de que ni siquiera los contactos por recomendación garantizan respeto.

Y no es que uno espere que todos digan “sí”, lo que uno espera es algo tan revolucionario como esto: una respuesta, un “no por ahora”, un “cambió el enfoque”, un “nos fuimos con otro proveedor”, ¡algo!, cualquier cosa, incluso un emoji con cara triste tendría más dignidad.

Pero no, el nuevo estándar es ignorar.

Conclusión (porque alguien aquí debe tener una)

Si tú eres proveedor, empieza a filtrar.

– No mandes propuestas sin cita de presentación.
– No hagas nada sin conocer a todos los decisores.
– No regales ideas a quien no pone ni 15 minutos en agenda.

Y si tú eres cliente y te viste reflejado en este texto, no pasa nada, aún estás a tiempo de evolucionar.

Responde ese correo, contesta ese WhatsApp, hazlo por ti, por tu reputación y por todos los proveedores que hoy, en silencio, te llaman como realmente te ven:
Un simple fantasma (y mal educado)

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