CJNG distribuye víveres en Veracruz

La tragedia por las inundaciones en Veracruz abre un nuevo debate: la ausencia del Estado y el avance del crimen organizado en el territorio.

Jair Figueroa
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En Veracruz, tras las lluvias e inundaciones que dejaron varios muertos y cuantiosos daños, habitantes de distintas comunidades han expresado su frustración ante lo que califican como una respuesta insuficiente del gobierno federal y estatal.
Ante ese vacío, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) aprovechó la situación para entregar despensas en zonas devastadas, lo que ha provocado una fuerte polémica a nivel nacional.

Imágenes difundidas en redes sociales muestran a integrantes del grupo armado llegando en camionetas con logotipos del CJNG, portando armas largas y descargando víveres: arroz, frijoles, aceite, papel higiénico y jabón.
La escena, repetida en varios municipios, refleja cómo las comunidades afectadas reciben la ayuda de quien llega primero, sin importar el origen.


Habitantes reclaman abandono del gobierno

Durante los últimos días, los damnificados han manifestado su enojo por la escasa presencia de las autoridades.
Denuncian que son los propios vecinos quienes limpian calles, retiran lodo y buscan cuerpos entre los escombros.
Algunos videos muestran el momento en que habitantes lanzaron piedras y lodo al vehículo del alcalde de Poza Rica, Fernando Luis Remes Garza, quien se retiró del lugar sin atender a la población.

Vecinos también acusan que los apoyos prometidos por la gobernadora Rocío Nahle y funcionarios federales no han llegado o se concentran en puntos visibles para la prensa, mientras las zonas rurales siguen olvidadas.

“Estamos cansados de esperar, aquí nadie vino a ayudarnos más que la misma gente”, dijo una vecina de Papantla a medios locales.


Crimen organizado llena el vacío institucional

Expertos en seguridad señalan que estas acciones no son altruistas, sino estrategias para ganar legitimidad social y control territorial.
El CJNG ha implementado tácticas similares en estados como Guerrero, Michoacán y Jalisco, donde aprovecha desastres naturales o crisis humanitarias para construir una imagen de “protector del pueblo”.

De acuerdo con fuentes de inteligencia, la entrega de ayuda con logos del cártel busca fortalecer su red de influencia y reclutamiento.
“Cada despensa entregada representa una narrativa: que el crimen sí responde, mientras el Estado no”, advirtió un analista consultado.


Reacción del gobierno federal

El tema llegó a Palacio Nacional.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo condenó la estrategia criminal y dijo que el gobierno trabaja para acelerar la ayuda oficial.

“Está mal que el crimen organizado se aproveche del dolor de la gente. Estamos reforzando la presencia en Veracruz y coordinando la entrega de apoyos con la Guardia Nacional y Protección Civil”, expresó Sheinbaum.

Fuentes del gobierno federal confirmaron que se activó un plan especial de asistencia para los municipios más afectados, incluyendo la instalación de albergues temporales, distribución de agua potable y brigadas médicas.


Desconfianza y cansancio social

Pese a los anuncios, la desconfianza ciudadana crece.
Los pobladores aseguran que los gobiernos llegan con cámaras y se van sin dejar resultados, mientras los criminales se presentan sin promesas, pero con ayuda inmediata.

El contraste ha generado un debate sobre el rol del Estado en emergencias y los límites entre la presencia criminal y la omisión gubernamental.

Organizaciones civiles advierten que permitir la intervención de grupos armados en tareas de asistencia representa un riesgo para la legitimidad institucional y perpetúa la dependencia de las comunidades hacia el crimen.


Una lección sobre presencia y poder

Lo ocurrido en Veracruz no es un hecho aislado, sino un síntoma del vacío de autoridad en zonas rurales y marginadas.
Mientras las inundaciones exhiben la fragilidad de la infraestructura pública, la respuesta criminal expone la falta de capacidad de respuesta inmediata del Estado.

La tragedia deja una lección urgente: cuando el Estado no llega, otros lo hacen, y eso redefine la confianza, la autoridad y la seguridad de las comunidades.


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