La facción de Los Mayitos, vinculada al Cártel de Sinaloa, ha tomado el control de al menos tres fincas cafetaleras en la Sierra Madre de Chiapas, principal región productora de café en México. Bajo amenazas de muerte y confiscación de propiedades, obligan a pobladores a trabajar en la cosecha del grano, aprovechando el precio récord de más de 100 pesos por kilogramo, duplicando el valor del año anterior.
El conflicto se remonta a agosto de 2024, cuando el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) libraban una guerra por el dominio de la zona. Quienes se negaron a participar en las barricadas contra el Ejército mexicano, organizadas por el narco, ahora son explotados por Los Mayitos. En octubre, el grupo criminal secuestró a Hiclear Tomás Calderón y otros ejidatarios como medida de presión, marcando el inicio de un régimen de terror.
Pobladores anónimos denunciaron que los narcos exigen:
* Cosechar café bajo amenaza: Quienes no apoyaron los bloqueos deben cortar el grano o enfrentar represalias.
* Control de actividades económicas: Prohíben abrir negocios o obtener concesiones de transporte sin colaborar.
* Restricción de mano de obra extranjera: Los Chapitos vetaron a jornaleros guatemaltecos, obligando a cafeticultores a negociar con el crimen para emplearlos.
La finca Vainilla, de 100 hectáreas y manejada por Jesús Esteban «El Güero Pulseras», es clave en esta red. Con una producción de 1 a 3 toneladas por hectárea, el café se vende a intermediarios en Jaltenango, municipio de Ángel Albino Corzo, generando ganancias millonarias para el cártel.
A dos semanas del fin de la cosecha, los trabajadores temen que el crimen los obligue a realizar labores de mantenimiento en las plantaciones. “Si no participamos, nos quitan la casa o nos matan”, relató un habitante bajo reserva. Además, el cártel manipula el mercado:
* Precios inflados: Compran el grano a bajo costo y lo revenden al mayoreo.
* Explotación laboral: Jornaleros locales y guatemaltecos trabajan bajo vigilancia armada.
Mientras los pobladores acusan a algunos ejidatarios de colusión con el narco, reconocen que muchos actúan por miedo. Aunque denuncian homicidios y extorsiones, la falta de presencia estatal los deja en vulnerabilidad. “El Ejército no regresó, y ahora el cártel es la ley aquí”, afirmó un cafeticultor.
La crisis en Chiapas refleja cómo el crimen organizado diversifica sus ingresos, explotando recursos naturales y comunidades. Con el Cártel de Sinaloa consolidando su poder en la sierra, urgen acciones coordinadas para proteger a los productores y recuperar el control territorial. Mientras tanto, el aroma del café chiapaneco se mezcla con el miedo y la impunidad.
