Se está observando dentro del mundo procesos compulsivos que reflejan una serie de cambios que van a ser imparables, la historia nos ha dejado el antecedente de ese proceso cíclico que se vive en ciertas épocas y cambios sociales y esta no es una excepción. Se vuelve a entrar en el juego de los ganadores y vencidos, es inevitable entrar en una profunda reflexión sobre el planteamiento de una Ingeniería Constitucional con el objeto de crear la adaptación normativa acorde a la realidad social.
La axiología jurídica en la cual transita la dinámica social se vuelve un eje preponderante para la convivencia social, no hay que perder de vista la aportación de Tom Ginsburg (Comparative Constitutional Law. In The Oxford Handbook of Comparative Constitutional Law: 2003) donde se argumenta que la efectividad de una constitución depende de su capacidad para ser modificada, evitando la obstaculización institucional, es viable el replantear ¿hasta dónde son los límites de lo jurídico en una sociedad contemporánea? y entramos al terreno más escabroso y complejo desde una óptica multidimensional, ya que hay varios factores en su conjunto que convergen como son el cultural, económico, político y social, que para el fin práctico en su conjunto los vemos reflejados bajo el concepto de los Derecho Humanos, bajo su instrumento jurídico que es la Declaración Universal de Derechos Humanos en la cual se contiene una serie de principios en favor de la Dignidad Humana que establece los límites ante las acciones del Estado, que puede tener excepciones en casos de emergencia.
Hablar de los “Límites” y particularmente en el espectro Constitucional en la discusión del legislador de si son heterónomos y autónomos es lo mas álgido en los debates, o si son absolutos y relativos, estamos en el entendido que el legislador debe tener la habilidad y el descernimiento para poder llegar a determinar lo que mejor le convenga a la ciudadanía, es decir no podemos jugar bajo la esfera de la egolatría y el absolutismo para justificar el error o el chantaje y recordar que el cambio es inevitable, es algo natural, si fortalecemos la idea de que nacemos en una nación libre y en el desarrollo observamos lo contrario, el ciudadano abduce que se le falta al respeto y se atenta contra su inteligencia y peor aún en sus derechos.
Es importante que el mensaje que el legislador ofrezca a la sociedad deba tener un lenguaje entendible, debido a que el ciudadano no tiene un conocimiento técnico de la norma, pero sí vive la afectación de sus derechos, y cómo puede llegar a ser intransigente una discusión limitada y con poca apertura al diálogo, la reflexión esta en la mesa y una gran labor para aquellos que nos representan, la división crea antagonismo y da poca certeza a la sociedad, esperemos que la sensibilidad y el expertiz logre conducir los designios de una Nación al progreso y buen futuro.
