Columna de opinión
Colosio: el apellido abre, pero la operación decide
Ana Karina FernándezEn México hay apellidos que llegan a la reunión mucho antes que sus dueños y Colosio es uno de ellos. Mi lectura como arquitecta de influencia empieza ahí: una historia familiar puede abrir la puerta, pero no organiza una campaña, no administra un gobierno y tampoco obliga o persuade al ciudadano a votar. Luis Donaldo Colosio Riojas tiene que resolver algo más complejo que hacerse —más— conocido: conseguir que lo evalúen por lo que puede hacer. La nostalgia tiene una virtud publicitaria formidable y, también, una limitación política bastante cruel: conmueve, pero no entrega resultados.
Por qué sí? Porque hay trayectoria que examinar, me explico… Fue diputado local en Nuevo León, alcalde de Monterrey y hoy es senador. No estamos ante alguien cuya única credencial sea aparecer en una fotografía familiar. Esa experiencia permite discutir su capacidad con expedientes concretos; de hecho, precisamente por eso, defenderlo exclusivamente desde el apellido sería reducirlo. Ya ejerció responsabilidades públicas, ya tomó decisiones y ya tiene una gestión que debe someterse a escrutinio. Quien aspira a crecer políticamente necesita aceptar esa evaluación, aunque resulte menos amable que una entrevista sobre su padre.
Cuando leo su mapa de influencia veo centros de decisión, no una colección de selfies. Jorge Álvarez Máynez encabeza la coordinación nacional de Movimiento Ciudadano; Dante Delgado preside su Comisión Nacional de Convenciones y Procesos Internos. Sus cargos importan para entender la ruta partidista. Después están los operadores territoriales, los ciudadanos y quienes aportan interlocución social o empresarial. No doy por hecho que esas redes estén alineadas con Colosio. Mi pregunta sería quién trabajaría por su proyecto cuando se apagan las cámaras. El canapé tiene una tasa de conversión electoral bastante sospechosa, y chance hasta marginal.
Su oportunidad, desde esta lectura, consiste en construir una identidad propia que converse con públicos distintos. La memoria de su padre puede ser parte de esa identidad, sin convertirse en el programa de gobierno. Necesita explicar qué decisiones tomaría, qué prioridades sostendría y qué intereses estaría dispuesto a contrariar. Sobre todo ahí aparece el liderazgo: tener una historia emocionante es una ventaja; convertir esa emoción en confianza exige algo menos fotogénico: consistencia, preparación y respuestas que sobrevivan a la segunda pregunta.
¿Por qué no? Porque el reconocimiento no garantiza victoria. En 2024 obtuvo una senaduría de primera minoría por Nuevo León, como confirmó el Tribunal Electoral. Ese dato merece precisión: es una vía legítima de representación, pero tampoco debe narrarse como si hubiese encabezado la fórmula ganadora de mayoría. No lo cancela como aspirante futuro; sí obliga a moderar la fantasía del apellido invencible. Un estratega serio distingue entre notoriedad, preferencia y capacidad de movilización. Confundirlas puede producir una portada magnífica pero una noche electoral terrorífica.
También existe competencia interna, ya que la dirigencia nacional de Movimiento Ciudadano ha mencionado tanto a Mariana Rodríguez como a Colosio entre sus perfiles para Nuevo León, donde gobierna Samuel García. Eso obliga a distinguir el interés del aspirante del interés de quienes quieren conservar el gobierno. Igual que usted, querido lector, no tengo elementos para afirmar acuerdos secretos ni vetos personales. Lo único observable es que hay otros perfiles sobre la mesa. Su tarea sería demostrar qué aporta al proyecto colectivo y cuánto margen conservaría para tomar decisiones propias. Ganar acompañado sale caro cuando la compañía pretende cobrar gobernando.
El territorio tampoco es un detalle administrativo. El 18 de septiembre declaró que ya había decidido su ruta entre Nuevo León y Sonora, aunque anunciaría después cuál. Hay que respetar ese límite: una declaración sobre una decisión privada no constituye una candidatura formal. Mi lectura es que mantener abiertas ambas conversaciones puede conservar margen de negociación, aunque prolongarlo también puede generar incertidumbre. Nuevo León conecta con su trayectoria pública; Sonora, con su historia familiar. Elegir exige explicar un compromiso con la entidad, no solamente la conveniencia del candidato.
Las críticas del gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, a su gestión regiomontana, y la respuesta de Colosio, muestran que esa posibilidad ya produce confrontación pública. Pero cuidado con una interpretación demasiado ligera: recibir ataques no demuestra, por sí solo, que alguien vaya ganando. Puede indicar relevancia, conflicto o una disputa por definir su imagen. La respuesta útil sería llevar la conversación a resultados verificables. Contestar con elegancia sirve, pero sin duda acreditar capacidad sirve más, ya que la reputación no debería depender de quién consigue el último comentario.
¿Por qué ahora? Porque preparar una opción para 2027 requiere tiempo. La organización, las conversaciones locales y la definición de prioridades no aparecen mágicamente cuando se anuncia una candidatura, y este momento puede servirle para construir vínculos que no dependan del entusiasmo de una visita. Hablo de preparación política, no de dar por resuelto el proceso de selección. Si quiere disputar una gubernatura, tendría que hacer visible un proyecto reconocible y permitir que lo cuestionen. Una aspiración gana sustancia cuando deja de necesitar que otros completen sus frases.
¿Por qué no ahora? Porque acelerar un anuncio sin tener resuelto el proyecto puede entregar a los adversarios una campaña hecha de dudas. Antes de prometer otra responsabilidad, debería explicar qué aprendió en Monterrey, qué corregiría y qué resultados puede documentar. No basta con reunir simpatizantes ni con parecer una alternativa agradable. Una candidatura exige equipo, prioridades y capacidad para sostener decisiones impopulares, toda vez que el costo de equivocarse no termina en su reputación: lo pagan los ciudadanos. La política tiene demasiados aspirantes convencidos de que aprenderán después de ganar.
Yo pondría a prueba su influencia con preguntas incómodas: quién defendería sus propuestas sin recibir un cargo, qué interlocutores aceptarían disentir públicamente y qué compromisos podría explicar sin recurrir a generalidades. Eso permitiría distinguir una red de apoyo de un catálogo de fotografías. Para evaluar su gestión pediría indicadores comparables, presupuestos, auditorías y contexto; para evaluar su proyecto, responsables y prioridades. No doy por acreditados resultados que no he revisado. La simpatía puede invitarlo a entrar, pero la evidencia debe decidir cuánto tiempo merece quedarse.
Y si la conversación mira hacia una eventual aspiración presidencial, el requisito sería todavía mayor. Una gubernatura tendría que valer por lo que hiciera por sus habitantes, no funcionar solamente como sala de espera. A mí me interesaría escucharlo explicar una decisión difícil, con nombres y responsabilidades, antes que volver a oír que tiene futuro. El futuro es un elogio rebaratísimo: permite aplaudir a alguien sin entregarle nada. Colosio tiene que decidir qué quiere construir y con quién. Al poder se puede llegar acompañado; la responsabilidad, cuando llega, lleva nombre propio. El apellido abre; lo que haga adentro será suyo.
Just saying…
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