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Filiberto Cruz Monroy Columna de opinión

Caso Edith: corrupción y violencia sin fin

Filiberto Cruz Monroy
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Es inconcebible y extremadamente doloroso sigamos contando los mismos cadáveres de mujeres en México. El caso de Edith Guadalupe Valdés Zaldívar no es un accidente, no es un “caso aislado”: es la fotografía real y cruda de un sistema podrido que prefiere pedir mordidas antes que buscar a una mujer con vida.

La indignación ya no alcanza; necesitamos furia organizada, porque las mujeres simplemente no pueden vivir tranquilas. ¿El resultado? Que luego las llamen “locas” o “exageradas” cuando pintan monumentos o bloquean avenidas. Pero qué más da, si al final, para que a una familia le crean, tienen que salir a protestar y pagar detectives privados mientras la Fiscalía se rasca la panza.

Las Fiscalías de todo México, incluida la de la CDMX, son un nido de corrupción. No es un secreto, es una certeza. En el caso de Edith, los padres tuvieron que documentar cómo les pidieron dinero para “agilizar” la inspección. ¿Dinero para que hagan su chamba? ¿Hasta cuándo vamos a tolerar que los Ministerios Públicos y los Fiscales sigan pidiendo dinero o simplemente no quieran trabajar? Es inadmisible. Y lo peor es que no hay consecuencias. Cambian a un funcionario de lugar, lo ascienden o lo jubilan con honores. Por eso digo: a ver si es cierto que esta vez hay consecuencias. No más simulaciones.

La llegada de Ernestina Godoy y ahora de Bertha Alcalde a la Fiscalía de la Ciudad de México demuestra una verdad incómoda: no importa qué tan buenas intenciones tenga un funcionario, si no tiene conocimiento, experiencia y carácter, no hay avances. No se trata de “ser mujer” o “ser de izquierda”; se trata de saber cómo desmontar este monstruo burocrático.

Porque eso si, en la Fiscalía de la CDMX se la viven molestando a los trabajadores que sí son de carrera e institucionales, y siguen poniendo personas que no saben lo que están haciendo. Ahí están los resultados: Edith está muerta, y su cuerpo apareció en un sótano, envuelto en una bolsa, mientras los fiscales pedían 72 horas de espera.

Los padres de Edith denunciaron corrupción. No especulación, sino pruebas. Por eso lo digo claro: más vale que caigan cabezas. Y no me refiero a un chivo expiatorio, sino a los que autorizaron la inacción, a los que pidieron dinero y a los jefes que han normalizado que buscar a una desaparecida sea un trámite molesto.

Bertha Alcalde, usted que ahora está al frente, debe resolver el caso y no dejar absolutamente ninguna duda de lo que pasó. No sirve de nada detener al vigilante Juan Jesús “N” si seguimos sin saber quién es el misterioso sujeto de 50 años que llevaba jóvenes a su departamento, el mismo que aparece en el video del elevador acosando a una mujer. Hay que determinar la responsabilidad real del supuesto atacante y de ese depredador al que la defensa ya está usando para sembrar dudas.

Y algo más, que no nos duela decirlo: urge regular las solicitudes de trabajo. Edith salió a una entrevista. ¿Cuántas mujeres más van a caer en trampas similares? Debe idearse un esquema para certificar que esas ofertas son verdaderas, con responsables legales detrás. Porque este tipo de engaños terminan, en el mejor de los casos, en abuso laboral, pero a veces en personas reclutadas por los cárteles de la droga y, peor aún, en homicidios. No es alarmismo, es la realidad.

México no aguanta más lágrimas falsas de funcionarios. Exigimos justicia por Edith, pero también que desmantelen esta cloaca llamada procuración de justicia. Si no hay consecuencias reales, el próximo cuerpo en una bolsa negra podría ser el de cualquier otra mujer que solo quería trabajar.

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