Violador serial: ¿cómo un cirujano francés burló la justicia por décadas? 

Filiberto Cruz Monroy
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Joël Le Scouarnec, excirujano francés de 74 años, enfrenta uno de los juicios más escalofriantes en la historia de Francia: se le acusa de violar o agredir a 299 pacientes, muchos menores de 15 años, bajo anestesia o durante su recuperación en hospitales donde trabajó entre 1989 y 2014. El viernes, en el tribunal de Vannes, admitió haber abusado incluso de amigos de sus hijos en su hogar, revelando un patrón de depredación sistemática.

De médico respetado a depredador serial

Le Scouarnec operó en una docena de hospitales sin ser investigado, pese a una condena por posesión de pornografía infantil en 2005. Su impunidad terminó en 2017, cuando un niño de seis años lo denunció. La policía halló diarios personales donde detallaba cientos de abusos, incluyendo violaciones a pacientes sedados y a menores que visitaban su casa. Una víctima, hoy adulta, relató ante el tribunal cómo la violó a los seis años mientras su madre conversaba en otra habitación.

El sistema que lo protegió

El caso expone fallas críticas en la supervisión médica francesa. A pesar de las señales de alarma —como su condena previa—, Le Scouarnec siguió ejerciendo hasta 2017. «Me aproveché de que mis hijos traían amigos a casa», confesó. Sus diarios, llenos de descripciones gráficas, evidencian una doble vida sádica: mientras salvaba vidas en quirófanos, destruía otras en secreto.

El juicio que busca justicia histórica

En 2020, recibió 15 años de prisión por los primeros casos confirmados, pero nuevas denuncias llevaron a este segundo juicio en 2025. Durante el proceso, ha admitido crímenes como el «episodio del baño», donde violó digitalmente a una niña. Organizaciones de derechos infantiles exigen reformas urgentes para evitar que otros depredadores operen bajo el manto de profesiones respetadas.

Prospectiva:

El veredicto final, previsto para los próximos meses, no solo definirá el destino de Le Scouarnec, sino que podría catalizar cambios profundos en los sistemas de protección infantil y supervisión médica en Francia. Si se establecen protocolos más estrictos —como revisiones obligatorias tras condenas menores—, este caso marcaría un precedente global. Sin embargo, la herida social persiste: ¿Cuántos depredadores siguen ocultos tras batas blancas? La respuesta dependerá de cuánto aprenda el mundo de este horror.

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