Los gigantes tecnológicos como Google, Meta y Amazon han acatado órdenes ejecutivas del presidente Donald Trump, incluyendo el cambio del nombre “Golfo de México” a “Golfo de América” en Google Maps para usuarios estadounidenses. Sin embargo, la polémica escaló cuando Google Calendar eliminó eventos culturales clave como el Mes del Orgullo y el Mes de la Historia Negra, desatando acusaciones de censura y sometimiento al “fascismo”.
La modificación del nombre en Google Maps —visible solo en Estados Unidos— refleja una tendencia de las Big Tech de alinearse con las demandas de Trump. Aunque simbólico, este ajuste generó críticas por priorizar caprichos políticos sobre la precisión histórica. Expertos señalan que empresas como Google buscan evitar conflictos regulatorios, incluso a costa de su neutralidad.
Usuarios globales notaron que eventos culturales como el Mes de los Pueblos Indígenas, el Día del Recuerdo del Holocausto y el Mes de la Herencia Hispana ya no están resaltados por defecto. La comunidad LGBTQ+ y defensores de derechos humanos tacharon la medida de “vergonzosa” y aliada de agendas excluyentes.
Google respondió que, desde 2024, priorizó días festivos nacionales por motivos de escalabilidad. “Mantener manualmente cientos de eventos globales era insostenible”, explicó el portavoz Madison Cushman Veld, añadiendo que los usuarios pueden agregar eventos manualmente. No obstante, la justificación no calmó las críticas, especialmente tras la coincidencia con políticas de Trump que minimizan la visibilidad de minorías.
Miles de usuarios en redes sociales calificaron la decisión como un acto de “sumisión al fascismo”, vinculándolo con la retórica anti-diversidad de Trump. Organizaciones como la ACLU y Human Rights Campaign exigieron a Google revertir los cambios, argumentando que borrar estas fechas erosiona la inclusión.
El caso del calendario y el Golfo de América ejemplifican cómo las tecnológicas navegan entre presiones políticas y su imagen pública. Mientras Trump impulsa una agenda nacionalista, empresas como Google enfrentan el reto de equilibrar compliance regulatorio con valores progresistas que históricamente han promovido.
La polémica revela un conflicto latente: ¿deben las plataformas digitales priorizar la eficiencia operativa sobre la representación cultural? Para muchos, la respuesta de Google no solo es técnica, sino política. En un año electoral marcado por polarización, cada decisión tecnológica podría redefinir su rol como árbitros de la información.
