La música es el lenguaje del alma, conectada intrínsecamente con los sentimientos. ¿Quién no ha experimentado emociones desbordadas al escuchar alguna pieza clásica o jazz, música tradicional o tribal, pop, rock o alguna canción con cuya letra nos identificamos?
La música ha estado presente desde los inicios de la humanidad, la creación de sonidos, algunos imitando aquellos escuchados en la naturaleza o en otras ocasiones solo siguiendo patrones rítmicos sencillos, ha desembocado en piezas tan complejas como las sinfonías, óperas o piezas de rock o jazz de más de quince minutos(!). Pero ¿qué hace a la música un arte liberal? a diferencia de la poesía, pintura, escultura y las bellas artes en general.
Siguiendo la misma idea de las otras tres artes de las que ya hemos escrito, en la época en la que se comenzaron a considerar como un arte a ramas de las matemáticas como la aritmética y la geometría, la música se podía dividir solo en dos tipos, la religiosa que se tocaba en iglesias, conventos y abadías con el único fin de adorar a Dios y la popular que se consideraba vulgar a los oídos refinados, de tal forma que la “liberación” de la música se dá en un contexto en el cual se comenzaron a componer piezas seculares, no religiosas, para el disfrute de la humanidad fuera de los lugares de adoración, tal es el caso de algunos de los primeros compositores de los que tenemos registro después de la edad media, como Vivaldi y Bach, quienes aún compusieron música religiosa pero comenzaron a separarse de este estilo, hasta llegar a Mozart y Beethoven, los primeros siendo aún auspiciados por la iglesia mientras que los segundos por aristócratas, con lo cual se puede explicar también esta libertad de composición de la que gozaron.
Otra razón es la relación de la música con la aritmética y la geometría, como nos lo mostró Pitágoras al estudiar las notas musicales mediante la relación entre la longitud de una cuerda pulsada, al cambiar la longitud de dicha cuerda se obtienen diferentes sonidos, los cuales conformaron su escala musical, adoptada posteriormente en occidente, parece imposible separar a la música y las matemáticas. Esta relación no para ahí, al final de cuentas la música, el sonido en sí, se puede estudiar desde el punto de vista de la física como ondas, con frecuencia y amplitud características, ondas que podemos considerar como energía en movimiento, sin masa. He aquí un punto importante acerca de la música.
Las emociones de las que hablábamos antes, desbordadas al escuchar algunas piezas musicales, pueden verse afectadas por la energía que nos transmiten las notas musicales. Con algunas de ellas comenzamos a movernos, nos invade el impulso de bailar, de brincar o simplemente de seguir el ritmo con las manos, pies o cabeza. Otras inexplicablemente tocan las fibras más profundas de nuestro inconsciente y terminamos llorando o evocan recuerdos o sueños que nos hacen sonreír. Las marchas incluso tienen la intención de hacernos marchar, el ritmo marca el paso a paso que podemos seguir mientras caminamos y sin darnos cuenta recorremos kilómetros con menos cansancio que sin ellas. El ruido por otro lado usualmente nos pone de malas a muchas personas.
En todos los casos expuestos, las artes liberales sin duda desarrollan el cerebro, ya sea practicando la aritmética y la geometría, la observación del cielo o escuchar y tocar música, nuestra mente lo agradecerá, se expandirá y llegará a lugares que tal vez nunca imaginamos. Espero que estos textos funcionen como una invitación a practicarlas.
¡Seamos libres!
Por Joel Nava Lara / Doctor en Ciencias Físico Matemáticas
