Dar silencio a la mente o acallar eso que «habla» en la cabeza, como algunos dicen, tendría que ser el ejercicio de mayor importancia en la voluntad introspectiva; un estudio del modo en que se piensa partiendo del cómo y no del qué. Durante milenios ha sido una necesidad constante para la filosofía oriental y posteriormente para la occidental observar la funcionalidad de esto que nos deviene como ideas o imágenes.
El hecho de descubrir quién o quiénes son los que dialogan en ese ruido de conjetura que la mente desarrolla al experimentar el mundo del modo muy singular que a cada quién corresponde, es ya un trabajo arduo por escuchar el origen de esa voz o voces que no cesan de advertir lo que se vive, ese filtraje con lengua que hace juicio de situaciones que se presentan o que suscitamos al ser atraídas con inconsciencia.
La pregunta entonces se dirige hacia dentro y resuena en interrogantes como: ¿quién habla?, ¿hablan mis sentidos?, ¿mi educación?, ¿mis padres y amigos?, ¿habla mi sociedad o comunidad?, ¿hablan mis miedos artificiales o inmanentes?, ¿entidades?, es decir quién es el que platica y cuál su proceso para hacerlo, indagar en ese «camino» que tal vez la mente ya hizo costumbre es la labor de todo aquel que quiere alcanzar tranquilidad y creatividad en su existir.
La inteligencia es la herramienta sublime para liberar la mente de creencias, especulaciones, tradiciones, influencias y así entonces deja las apariencias que la exterioridad fragua y se establece en un estadio donde no hay compulsión ni urgencia por seguridad. En el momento en que intentamos ser alguien (deber ser) y no escudriñar lo que ya somos, es entonces donde la esclavitud adquiere poder, es allí donde nos dejamos afectar por todo alrededor, donde se le da permiso a los demás de incidir en la psique y no al contrario como la libertad de la mente lo sugiere, allí donde no pretende llegar a ser sino que ve lo que ya es y lo contempla, lo gobierna para alcanzar esa libertad a la que nos debe llevar el hecho de entendernos con íntima atención eso que somos momento a momento, instante por instante para que se lleve a acabo una transformación verdadera y no intentos de ser diferentes o realizar aquello que nos place, por su contrario se trata de conocerse de lleno para evitar el sufrimiento que la imitación tiene.
