Vitrinas Impecables y Traspatios Incómodos

Ana Karina Fernández
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México amaneció otra vez con esa sensación que ya conocemos demasiado bien… esa mezcla sabrosa entre breaking news, café cargado y el “a ver ahora qué nos va a tocar”, (Dios mediante no temblará ya hasta septiembre!). El tema del Mencho no es un chisme de sobremesa, es un reacomodo tectónico versión narcogeopolítica tropical, ese son que bailamos acompasados. Y cuando se mueve una cabeza así, no se mueve una pieza, se mueve el tablero completo aunque nos quieran vender que todo está bajo control y que aquí no pasa nada.

Ahora bien, qué podemos esperar en los próximos días? Primero, ruido. Mucho ruido. No solo balazos, que ojalá no, sino ruido narrativo. Versiones cruzadas, filtraciones oportunas, expertos improvisados en televisión (ahora si tú uber estará bien platicador!) y políticos pidiendo serenidad con cara de que tampoco entienden del todo qué viene. Porque cuando un liderazgo criminal desaparece, no se evapora el negocio, se reacomoda la maña pues, haga de cuenta querido lector que andan en elecciones… nada mas que la campaña se acompaña de plomo. El negocio se hereda, se disputa o se fragmenta. Y la fragmentación es lo que más nervios genera. No es lo mismo un mando vertical que cinco aspirantes con ganas de demostrar poder. Armados hasta los dientes!

En CDMX vamos a escuchar el discurso clásico de blindaje reforzado, operativos estratégicos, coordinación interinstitucional. Traducido al español cotidiano… más patrullas visibles, más retenes selectivos, más helicóptero para que sintamos que hay control. La capital no suele ser el escenario principal de la guerra abierta, pero sí es vitrina. Y nadie quiere que la vitrina se rompa frente a inversionistas, diplomáticos y turistas que ya bastante tienen con Google.

Ahora hablemos de Acapulco y el Abierto de Tenis. Porque claro, nada dice estabilidad como un torneo internacional con cámaras de todo el mundo transmitiendo atardeceres espectaculares mientras medio país especula sobre reacomodos criminales. Ahí el mensaje será quirúrgico… seguridad garantizada, coordinación total, evento sin contratiempos. Y lo más probable es que el evento ocurra con normalidad milimétrica. Porque estos escaparates se cuidan como porcelana fina. La pregunta desconcertante no es si el torneo saldrá bien, sino qué pasa en las colonias que no salen en ESPN.

En las carreteras el panorama es más sensible. Cuando hay reconfiguración de poder, las rutas importan. Las autopistas son arterias económicas y también territoriales. No significa que mañana todo mundo se va a topar con bloqueos cinematográficos, pero sí es momento de viajar con más información que optimismo. Revisar horarios, evitar trayectos nocturnos innecesarios, escuchar reportes locales. No es paranoia, es logística inteligente en un país donde el control territorial no siempre coincide con los mapas oficiales.

Y aquí viene la parte gacha… la economía. Los mercados odian la incertidumbre más que el caos abierto. Porque el caos al menos se cuantifica. La incertidumbre no. Así que veremos declaraciones tranquilizadoras, mensajes de fortaleza institucional y llamados a la confianza. La popularidad presidencial puede resentirlo si la percepción pública se inclina hacia descontrol. Porque en política la narrativa pesa tanto como los hechos.

Lo más probable es que en unos días el ciclo mediático encuentre otro tema, la vida cotidiana siga y el país continúe funcionando en ese equilibrio extraño entre normalidad y tensión latente. México tiene una capacidad casi absurda de adaptación. Nos maquillamos el susto, ajustamos la agenda y seguimos. Un bolillito y a la vida!

La verdadera pregunta no es qué va a pasar en los próximos días. La pregunta es si estamos entendiendo que cada reacomodo no es un episodio aislado sino una señal estructural. Y ahí sí el stand up se acaba… porque el chiste pierde gracia cuando se repite demasiado.

Just saying…

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