Venezuela está al borde de un hito ambiental sombrío, con científicos reclasificando su último glaciar, el Glaciar Humboldt, como un campo de hielo. Esta redefinición destaca el rápido retroceso de los glaciares en el país, marcando un cambio profundo en su paisaje ambiental.
Una vez abarcando 450 hectáreas, el Glaciar Humboldt ha disminuido drásticamente a apenas dos hectáreas, cayendo por debajo del umbral requerido para la clasificación como glaciar. Desde la década de 2000, la cobertura de hielo ha estado disminuyendo constantemente, llevando a esta reclasificación.
La pérdida de glaciares amenaza la biodiversidad, el suministro de agua y el equilibrio ecológico en Venezuela y más allá. Además, impacta las reservas de agua dulce, modera las temperaturas y contribuye al aumento del nivel del mar, según advierten expertos.
La propuesta del gobierno de cubrir el hielo restante con una manta térmica ha generado controversia, con preocupaciones sobre la posible contaminación ambiental. La situación refleja una tendencia global, con otros países enfrentando vulnerabilidades similares y la necesidad urgente de reducir las emisiones de CO2 para mitigar estos efectos.
