El presidente Donald Trump firmó este lunes dos órdenes ejecutivas que reinstauran aranceles del 25% a las importaciones de acero y aluminio desde Canadá, México, Brasil y otros países, eliminando exenciones y cuotas vigentes bajo el T-MEC. “Vamos a hacer Estados Unidos rico de nuevo”, declaró desde el Despacho Oval, reforzando su estrategia de proteccionismo comercial bajo el argumento de seguridad nacional.
Las medidas extienden los aranceles de la Sección 232 implementados en 2018, diseñados para proteger a productores estadounidenses. Un funcionario de la Casa Blanca criticó que las exenciones previas “erosionaron” su efectividad. Según datos oficiales, Canadá y México, socios del T-MEC, representan el 40% de las importaciones de acero a EE.UU. en 2024, lo que eleva el riesgo de tensiones comerciales en la región.
Además de los aranceles, Trump impuso una norma que exige que el acero y aluminio importados sean producidos íntegramente en Norteamérica, buscando frenar el ingreso de metales chinos mínimamente procesados. Esta regla afecta incluso a productos fabricados con acero importado, cerrando puertas a triangulaciones desde terceros países. Peter Navarro, asesor comercial de Trump, afirmó que esto “pondrá fin al dumping extranjero y asegurará industrias críticas para la seguridad nacional”.
La medida generó alerta entre socios comerciales, especialmente tras el anuncio de Trump sobre aranceles recíprocos adicionales esta semana. Países como México y Canadá, cuyas economías dependen del acceso al mercado estadounidense, podrían responder con medidas similares, afectando cadenas de suministro integradas.
El reinicio de aranceles contradice el espíritu del T-MEC, que buscaba facilitar el comercio regional. Analistas prevén:
* Aumento de costos para automotrices y constructoras en EE.UU.
* Presión inflacionaria en productos finales.
* Desvío de comercio hacia Asia y Europa, afectando competitividad.
Con estas órdenes, Trump refuerza su legado de políticas comerciales agresivas, priorizando empleos industriales sobre relaciones bilaterales. Mientras la Casa Blanca celebra el impulso a la producción local, socios comerciales se preparan para un nuevo capítulo de incertidumbre y posibles guerras arancelarias.
