La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aseguró este viernes durante su conferencia matutina que el gobierno mexicano explorará alternativas para brindar apoyo humanitario a Cuba, sin comprometer los intereses nacionales. La declaración se produce en respuesta a la orden ejecutiva firmada el jueves por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que permite imponer aranceles a los países que vendan petróleo a la isla caribeña. Sheinbaum, buscando una posición equilibrada, enfatizó la importancia del diálogo diplomático y la necesidad de evitar una crisis humanitaria en Cuba.
La mandataria inició su intervención reafirmando los principios históricos de la política exterior mexicana. Leyendo una declaración preparada, señaló: “México reafirma de manera inequívoca el principio de soberanía y la libre autodeterminación de los pueblos, pilar fundamental de nuestra política exterior y del derecho internacional”. Acto seguido, advirtió sobre las posibles consecuencias de la medida estadounidense, indicando que la aplicación de estos aranceles “podría desencadenar una crisis humanitaria de gran alcance, afectando directamente hospitales, alimentación y otros servicios básicos del pueblo cubano”, una situación que, a su juicio, debe evitarse mediante el respeto al derecho internacional.

Para manejar la situación, Sheinbaum informó que ya ha dado instrucciones concretas a la cancillería mexicana. “He instruido al Secretario de Relaciones Exteriores para que establezca comunicación inmediata con el Departamento de Estado de Estados Unidos a fin de conocer con precisión los alcances del decreto que fue publicado el día de ayer”, explicó. El objetivo de este contacto bilateral es doble: comprender los detalles técnicos y jurídicos de la orden ejecutiva de Trump y transmitir la posición mexicana de evitar una crisis humanitaria para el pueblo cubano.
Sin embargo, la presidenta fue categórica al establecer los límites de la acción mexicana. Recalcó que el gobierno actuará con extrema cautela y priorizará la protección del país. “Nosotros tenemos que saber los alcances, porque no vamos a poner en riesgo a nuestro país en términos de los aranceles”, afirmó Sheinbaum. Esta postura refleja un cálculo pragmático, donde la solidaridad histórica con Cuba se pondera frente a los potenciales costos económicos que podrían derivarse de enfrentar sanciones comerciales estadounidenses. “Queremos saber los alcances y siempre buscar las vías diplomáticas. La no confrontación, el diálogo, buscar las vías diplomáticas y buscar distintas maneras de apoyar”, añadió.
El contexto en el que se da este anuncio es particularmente complejo. La orden ejecutiva firmada por Trump establece que Washington podrá imponer un arancel adicional “ad valorem” (según el valor) a las importaciones de bienes procedentes de cualquier país que venda o proporcione petróleo a Cuba, directa o indirectamente. La Casa Blanca justificó la medida declarando un “estado de emergencia” debido a la “amenaza excepcional” que, según su visión, representa Cuba para la seguridad nacional de Estados Unidos, acusando a La Habana de alinearse con actores hostiles como Rusia, China, Irán, Hamás y Hezbolá.

Para Cuba, la situación es crítica. La isla arrastra desde hace tres años una severa escasez de combustible que ha impactado drásticamente su producción eléctrica y su economía general. El propio Trump ha hecho declaraciones previendo un colapso, afirmando el 27 de enero que “Cuba caerá muy pronto” y destacando la pérdida del apoyo petrolero que antes recibía de Venezuela. En este escenario, el papel de México como proveedor había cobrado relevancia. Datos oficiales indican que en 2025, primer año de gobierno de Sheinbaum, México registró el mayor volumen de exportaciones petroleras a Cuba en un cuarto de siglo, con un valor de 10 mil millones de pesos, operaciones realizadas a través de Petróleos Mexicanos (Pemex).
No obstante, y de manera significativa para la coyuntura actual, Pemex ya ha frenado los envíos de petróleo a la isla. Esta decisión previa a la orden de Trump, cuyas causas no han sido detalladas públicamente, sitúa a México en una posición donde debe evaluar no solo la reanudación de los envíos, sino también otras formas de asistencia que no desencadenen los aranceles estadounidenses. La exploración de “distintas maneras de apoyar” a la que se refirió Sheinbaum podría incluir ayuda alimentaria, médica o técnica, canalizada a través de organismos internacionales o bajo esquemas bilaterales que no estén explícitamente cubiertos por el decreto de Trump.
La postura de Sheinbaum marca una línea de continuidad con la tradición de política exterior mexicana, que históricamente ha defendido el principio de no intervención y ha mantenido relaciones con Cuba, pero lo hace bajo las restricciones de un panorama geopolítico más polarizado y con un vecino del norte que ha demostrado su voluntad de utilizar herramientas económicas de forma unilateral. El éxito de esta estrategia dependerá en gran medida de los claroscuros que revele la comunicación con el Departamento de Estado y de la capacidad de la diplomacia mexicana para diseñar mecanismos de apoyo que sean aceptables dentro del marco legal impuesto por Washington.
El gobierno mexicano ha concluido que, por ahora, aguardará el resultado de las conversaciones con las autoridades estadounidenses para entender a fondo los efectos y límites de la orden ejecutiva antes de tomar cualquier acción concreta. Este periodo de evaluación define un momento delicado para la relación trilateral entre México, Cuba y Estados Unidos, donde los imperativos humanitarios, los principios de soberanía y los intereses económicos nacionales deberán ser cuidadosamente balanceados en las próximas semanas.
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