En un país donde la inseguridad y la desigualdad aún marcan la vida de millones, resulta esperanzador ver cómo en municipios como Salamanca se apuesta por transformar esa realidad. El alcalde César Prieto ha decidido no quedarse en discursos, sino sumarse de manera activa a una estrategia nacional que busca no solo contener la violencia, sino erradicarla desde la raíz: las Jornadas de Paz.
Esta iniciativa del Gobierno de México llega a Salamanca con un objetivo claro: reconstruir el tejido social mediante una coordinación real entre los tres niveles de gobierno. Pero lo más importante es que no se trata de una imposición desde arriba; aquí, la ciudadanía tiene un papel protagónico. El alcalde ha sido enfático en que el éxito de esta política pública depende de la participación activa de las y los salmantinos, de su voluntad de apropiarse de su entorno y decidir transformarlo.
Las Jornadas de Paz no solo llevan servicios, también esperanza. En colonias y comunidades priorizadas se implementarán programas como Jóvenes Construyendo el Futuro y la Beca Rita Cetina Gutiérrez, dos herramientas poderosas para dar a la juventud opciones reales, lejos de los caminos de la violencia. Formación, oportunidades, acompañamiento. En una palabra: futuro.
Y esto no es todo. Se brindará atención médica, apoyo psicológico, asesoría administrativa y un sinfín de servicios que muchas veces son inaccesibles para los sectores más vulnerables. El enfoque es integral, y apunta a lo que verdaderamente importa: mejorar la calidad de vida.
Pero lo que distingue esta acción del alcalde César Prieto es su convicción. Él no solo está presente, está comprometido. Su liderazgo ha sido claro: Salamanca merece vivir en paz y trabajará incansablemente para lograrlo. No se trata de frases vacías; es un llamado a la acción, una promesa hecha con los pies en el territorio y la mirada puesta en el futuro.
En tiempos de desconfianza institucional, acciones como esta recuperan la fe en lo público. La paz no es un discurso: es trabajo, cercanía, escucha, soluciones. Y en Salamanca, con estas Jornadas, la paz ya no es una utopía, es una meta en construcción. Y lo más importante: es un esfuerzo colectivo.
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