¿Quién dejó que la marcha del 2 de octubre se desbordara?

Filiberto Cruz Monroy
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Cada año, la Ciudad de México vive una de las movilizaciones más emblemáticas y dolorosas de su historia: la marcha del 2 de octubre, en memoria de la matanza de Tlatelolco de 1968. Se trata de una fecha cargada de memoria, protesta y reclamos. También, de manera casi previsible, de episodios de violencia encabezados por grupos encapuchados que suelen quedar contenidos por la policía capitalina. Sin embargo, este 2025, la ecuación cambió: los disturbios superaron el margen habitual y la violencia se desbordó con saqueos, incendios y agresiones más graves de lo acostumbrado. La pregunta inevitable es: ¿quién perdió el control?

La Secretaría de Gobierno capitalina suele operar como mediadora entre los contingentes organizadores y las fuerzas de seguridad, con protocolos para permitir la manifestación pacífica y aislar a los grupos violentos. Además realiza labores de inteligencia para saber donde ocurrirán los disturbios. Este año, esa coordinación parece haber fallado. Aunque la Secretaría de Seguridad Ciudadana desplegó elementos, los videos muestran a encapuchados atacando con petardos y piedras sin que hubiera detenciones inmediatas ni una contención efectiva.

La otra pregunta incómoda es si la estrategia fue deliberada: ¿se optó por permitir la violencia para evitar choques mayores o se trató de un error de planeación? Lo cierto es que el resultado deja ver grietas en la capacidad de control.

Los llamados “bloques negros” están integrados por jóvenes encapuchados que actúan al margen de los contingentes organizados. Su identidad es difusa: algunos se presentan como anarquistas, otros como colectivos estudiantiles radicales, y otros tantos simplemente como grupos de choque que aprovechan la protesta para saquear y generar caos.

En la marcha del 2 de octubre se les vio reventar cortinas metálicas de tiendas de autoservicio, saquear productos, prender fuego a una sucursal bancaria y vandalizar una joyería. Su interés parece moverse entre la protesta antisistémica y el simple aprovechamiento del desorden para obtener botín.

Un rasgo constante en estas marchas es la ausencia de detenciones. Los encapuchados actúan con aparente impunidad: atacan a la policía, destruyen comercios y se repliegan entre la multitud. Las autoridades suelen justificar la falta de aprehensiones con el argumento de evitar violaciones a derechos humanos o choques mayores que escalen la violencia. Sin embargo, esta política deja la impresión de tolerancia o incapacidad frente a actos delictivos evidentes.

La impunidad alimenta el ciclo: los mismos grupos saben que podrán actuar sin consecuencias y cada año tensan más los límites. El resultado es que las protestas terminan marcadas por saqueos y enfrentamientos, eclipsando el sentido original de la marcha.

Los hechos de este 2 de octubre dejaron un saldo significativo:

  • Policías lesionados por la explosión de un artefacto lanzado en la zona de Bellas Artes, uno sigue intubado.
  • Comercios saqueados, incluyendo dos tiendas de autoservicio, una sucursal bancaria incendiada, una farmacia vandalizada y una joyería robada en el Centro Histórico.
  • Coladeras sustraídas de las calles por los encapuchados.
  • Un hombre que sufrió convulsiones tras un ataque y fue atendido por personal del ERUM.
  • Pintas y destrozos en diversos inmuebles a lo largo del trayecto de la marcha.

A pesar de los daños y la violencia registrada, las autoridades reportaron únicamente lesionados y daños materiales, pero ninguna detención relevante.

El 2 de octubre no se olvida, pero la violencia corre el riesgo de distorsionar el sentido de la marcha. El Comité 68, madres buscadoras, estudiantes y sindicatos encabezaron una movilización mayoritariamente pacífica, con demandas legítimas de justicia y memoria. Sin embargo, la atención mediática y social terminó concentrada en los destrozos y saqueos.

La lección de este año es amarga: cuando el control se pierde y la violencia se tolera, la memoria se ve opacada. La ciudadanía merece respuestas claras: ¿falló la Secretaría de Gobierno en la prevención?, ¿falló la policía en la contención?, ¿o simplemente se eligió no actuar? Lo único seguro es que, mientras no se atienda de raíz el fenómeno del bloque negro y se defina una estrategia clara frente a la violencia, cada 2 de octubre se seguirá repitiendo el mismo guion, con más destrucción y menos memoria.

X: @filibertocruz

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