Con la presencia de una formidable flota naval estadounidense en el Caribe, la presidencia de Nicolás Maduro en Venezuela enfrenta su momento de mayor presión. Sin embargo, lejos de mostrar fisuras, el mandatario y su círculo cercano han tomado una decisión: resistir a toda costa. Según fuentes al tanto de la situación y analistas, Maduro no tiene intención de ceder el poder y apuesta a que la amenaza de una intervención militar directa por parte del presidente Donald Trump no se materializará.
La Estrategia de «Máxima Presión» en el Caribe
La tensión escaló drásticamente con el despliegue de ocho buques de guerra y un submarino nuclear por parte de Estados Unidos en el sur del Caribe. La justificación inicial de la Casa Blanca fue una operación a gran escala para combatir el narcotráfico. En ese marco, se han ejecutado al menos cuatro ataques letales contra embarcaciones que, según Washington, transportaban drogas, resultando en la muerte de todos sus tripulantes.
No obstante, con el paso de las semanas, altos funcionarios de la administración Trump, como el secretario de Estado Marco Rubio, han dejado claro que el objetivo final es un cambio político en Venezuela. Washington considera a Maduro un líder ilegítimo y busca forzar una transición. La presión militar es vista como la principal herramienta para lograrlo.
La Apuesta de Miraflores: Resistir y Esperar
A pesar del poderío militar desplegado a sus puertas, en el Palacio de Miraflores la estrategia es clara. Las fuentes consultadas aseguran que la determinación de Maduro es absoluta. «Ya lo decidió, no se va a ir. Ahora le toca mover ficha a Trump», señala una fuente cercana. La cúpula chavista, compuesta por Maduro, los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, se mantiene unida y sin fisuras.
El cálculo en Caracas es que el costo político y militar de una invasión a Venezuela sería demasiado alto para Estados Unidos, evocando paralelismos con Vietnam o Afganistán. Creen que Trump, a pesar de su retórica, dudará en dar la orden final. Se especula que manejan un supuesto informe del Pentágono que desaconseja un ataque directo. Por ello, interpretan los ataques a las lanchas como provocaciones calculadas y se preparan para un posible siguiente paso: ataques selectivos contra objetivos dentro de Venezuela, bajo la acusación de que el gobierno ampara a «narcoterroristas».
El Círculo de Poder y el Descarte de una Transición
Durante años, círculos diplomáticos especularon con la posibilidad de que figuras consideradas «moderadas» dentro del chavismo, como Jorge Rodríguez o incluso el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, pudieran liderar una transición negociada. Sin embargo, las fuentes actuales descartan por completo esa vía. Aseguran que Maduro centraliza todas las decisiones y que su círculo cercano ha cerrado filas en torno a él, conscientes de que se juegan no solo el poder, sino su propia integridad.
Tras más de seis años gobernando bajo una severa crisis económica —con una contracción del PIB del 80%—, hiperinflación, sanciones internacionales, denuncias de violaciones a los derechos humanos y el éxodo de millones de ciudadanos, la cúpula chavista ha desarrollado un profundo instinto de supervivencia. Esta capacidad de resistencia, forjada en la adversidad, es la base de su confianza en que también esta «tormenta» pasará. La apuesta de Maduro es total: todo depende de la indecisión de Trump.
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