MoNarquía

Jair Figueroa
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#SanarAMéxico. Por una #NuevaRepública.

Etimológicamente, la palabra “monarquía” significa “gobierno de uno solo” o “mando de una sola persona”. Este término encuentra su origen en el griego monarkhia, que es el resultado de la unión entre “mónos” (uno, único, solo) y “arkhia” (mandar, gobernar, guiar). Los antiguos griegos emplearon este término para describir un Estado o sistema político regentado por un único soberano. Por otro lado, aunque el término “narquía” no existe como tal en el diccionario de la RAE, éste se usa cada vez más para inventar términos tales como “narcocracia”, relacionados con gobiernos cuyo control lo detentan los narcotraficantes. ¿Será que pronto, a ese intento de monarca, relacionado con el narcotráfico, le recordaremos popularmente como “MoNarco”?

 El fallido regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura y la salida del senador Isunza de la bancada morenista; la difusión de audios atribuidos a Marina del Pilar, gobernadora de Baja California, con conversaciones de presuntos intermediarios de agencias estadunidenses, y la emisión de una alerta de seguridad emitida por Estados Unidos para Mexicali, ante presuntas amenazas contra instalaciones gubernamentales; la presencia del nombre de Andy López Beltrán en la carpeta de investigación sobre un buque en Guaymas con huachicol fiscal y la extradición del vicealmirante Manuel Farías no son temas aislados. Todos configuran un peligroso cocktail político que tiene su raíz en la lógica que imperó con la llegada al poder de ese que intentó ser una especie de “monarca” mexicano. 

El juicio histórico a ese pequeño personaje tabasqueño está en ciernes. Hay quienes lo ven como el mejor presidente en la historia por haber sacado a 13.4 millones de personas de la pobreza en México. Sin duda, es una cifra espectacular. Sin embargo, habrá que cotejar en los siguientes meses si ello es sostenible, especialmente con un endeudamiento que para el mismo periodo representó pasar de 10.5 billones en 2018 a 17.4 billones de pesos al cierre de 2024 y el creciente riesgo de que, por el déficit fiscal, nuestro país pierda el grado de calificación crediticia que ya han puesto en el horizonte las Big Three (S&P, Moody’s y Fitch). 

No obstante, una evaluación integral a lo que fue ese sexenio también requiere revisar a fondo los resultados que dio en materia de seguridad. Si bien las cifras de violencia en el país han estado presentes a lo largo de todo lo que va del siglo (con los gobiernos del PAN y el PRI), el arribo de AMLO al poder significó un incremento desgarrador. Su administración fue la más violenta registrada en la historia reciente del país, según datos del Inegi y el SESNSP, ocurrieron unos 201,000 homicidios dolosos. Aunado a esto, con López Obrador se alcanzó la alarmante cifra de 53 mil personas desaparecidas y, por si fuera poco, la cifra récord de un total de 47 comunicadores que perdieron la vida. 

El periodo en cuestión representa una de las peores épocas en cuanto a la protección y cuidado de los derechos fundamentales, con afectaciones directas a la vida, la libertad, la igualdad y la propiedad en amplias franjas del territorio nacional. Sirva decir que el reciente reporte de ACLED (Armed Conflict Location & Event Data Project) puso nuevamente a México como uno de los cuatro lugares más peligrosos del mundo, sólo antecedido por Palestina, Myanmar y Siria. 

Hoy que la “corcholatiza” guinda anda desbocada en las 17 entidades de la República en las que habrá elecciones a gobernador, vale la pena unir todos los puntos que confluyen en el escenario político inmediato. Aún falta tiempo, pero para decidir con consciencia en las elecciones de 2027 será bueno preguntarnos: ¿qué tanto se vio afectada nuestra democracia cuando se intentó que todo el sistema girara en torno a un solo individuo? ¿De qué manera influyeron los dineros del llamado “huachicol fiscal” para financiar campañas de incondicionales de esa figura central, en los estados de la República? ¿Cómo se entremezclaron los acuerdos políticos con los del crimen (narcotráfico y una pléyade de actividades ilícitas) en la cotidianidad del gobierno? (los casos Rocha Moya, Marina del Pilar y Farías servirán para orientar respuestas). 

Ante la marejada de acontecimientos que se avecinan, Claudia Sheinbaum deberá decidir entre salvaguardar a México (su democracia y el apego a defender los derechos fundamentales) o plegarse a los intereses del “Monarco” de Palenque. Habrá que apoyarla para que ocurra lo primero.

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