México: campeón mundial en trabajar mucho… y vivir poco

Filiberto Cruz Monroy
167 vistas

En México somos los campeones indiscutibles de la OCDE, y no, no es por la calidad del café, la hospitalidad o el mole poblano. Somos campeones en horas trabajadas: 2,226 al año. Una medalla de oro sudada, ojerosa y sin aplausos. Mientras tanto, los alemanes, con sus 1,349 horas, y los franceses, con 1,490, parecen tener la desfachatez de disfrutar la vida, tomar vino sin prisas y todavía presumir productividad. Qué insulto.

El problema, claro, es que aquí seguimos atrapados en la vieja ecuación de que trabajar más es sinónimo de trabajar mejor. Spoiler: no lo es. De hecho, si eso fuera cierto, México sería potencia mundial en innovación, ciencia y bienestar. En cambio, lo que lideramos es el ranking del estrés laboral: tres de cada cuatro trabajadores viven con él, según el IMSS. Sí, 75%. Y lo llamamos “estrés laboral” como si fuera una molestia pasajera, cuando en realidad es un diagnóstico colectivo.

El Día de la Relajación, cada 15 de agosto, sirve para recordar —con ironía dolorosa— que en este país hacer una pausa para respirar parece un lujo escandaloso. Y eso que los expertos ya lo dijeron: trabajar más no significa ser más productivo. Significa acumular dolores de cabeza, náuseas, mareos, insomnio y, para los más afortunados, un bonito combo de ansiedad, depresión y problemas digestivos. La OMS incluso compara los riesgos del estrés crónico con fumar o ser obeso. En resumen: el trabajo nos está matando, pero al menos moriremos siendo los más entregados de la clase.

Si de paradojas hablamos, ahí está la informalidad laboral: 55.8% de los trabajadores mexicanos están en esa condición. Es decir, medio país sudando más de dos mil horas al año sin prestaciones, sin seguridad social y sin estabilidad. Una especie de esclavitud contemporánea, pero celebrada como “cultura del esfuerzo”. Y claro, con la incertidumbre a cuestas, la ansiedad no es una posibilidad: es la norma.

Lo irónico es que sabemos cómo frenar el desastre. La receta está a la mano y no requiere de una cumbre internacional ni de reformas constitucionales: caminar, meditar, hacer yoga, escuchar música o simplemente aprender a respirar. Incluso hay aplicaciones que nos ayudan: Headspace, Calm, Insight Timer, Aura, Breethe. Todas disponibles en un dispositivo que, por cierto, ya usamos para contestar correos del jefe a medianoche. Sí, la herramienta de relajación la tenemos en la mano, pero elegimos abrir el Excel.

El verdadero problema es cultural. Hemos convertido las horas extra en un símbolo de orgullo, como si la dignidad laboral se midiera por el número de veces que cenamos frente a la computadora. El que se va temprano es flojo, el que no responde el WhatsApp a las once de la noche no tiene compromiso. Y así seguimos, aplaudiendo la esclavitud voluntaria mientras Alemania y Francia nos miran desde sus terrazas, con vino y queso, trabajando menos y viviendo más.

El estrés laboral no es un asunto menor. Es una condición crónica que erosiona la salud, desgasta la memoria, desordena el sueño y, en muchos casos, deriva en enfermedades cardíacas. Pero seguimos normalizándolo con frases como “así es la chamba” o “échale ganas”. Como si con ganas se pagara la renta o se curara la gastritis.

El Día de la Relajación debería ser feriado en México, pero ni soñarlo: sería un sacrilegio dejar de producir. Lo cierto es que cuidar a las personas no es un capricho ni una concesión, es un requisito para que la productividad sea sostenible. La paradoja, otra vez, es que lo sabemos: menos estrés significa menos ausentismo, menos rotación y mejores resultados. Pero preferimos seguir atrapados en el bucle de trabajar mucho para rendir poco.

La estadística de 2,226 horas y el 75% de estrés laboral son un espejo incómodo. Nos muestran un país que vive agotado, con la mitad de sus trabajadores sin derechos básicos y con la ilusión de que el sacrificio eterno algún día se traducirá en bienestar. La realidad es otra: sin descanso, sin cuidado y sin pausas conscientes, no hay salud ni productividad posible.

Así que la próxima vez que alguien presuma que aquí trabajamos más que en Alemania, habría que responder con ironía: sí, trabajamos más… y vivimos menos. Porque al final, el verdadero lujo no es un coche del año ni un celular nuevo, es tener tiempo para descansar sin culpa. Algo que en México, por ahora, sigue siendo un privilegio reservado para otros.

X: @filibertocruz

También te puede interesar