Los archivos de JFK: cuando la conspiración es más divertida que la verdad

Filiberto Cruz Monroy
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Si algo han demostrado los conspiracionistas es su increíble capacidad para emocionarse con la nada. La reciente publicación de 64 mil documentos sobre el asesinato de John F. Kennedy parecía la oportunidad perfecta para confirmar lo que siempre han sospechado: que todo es un gran complot orquestado en las sombras. Sin embargo, en lugar de encontrar la prueba definitiva de que la CIA mandó a eliminar al presidente, lo único que descubrieron fue un catálogo de espionaje, operaciones encubiertas y estrategias sucias… es decir, exactamente lo que ya sabíamos que hace la agencia.

Pero no se desanimen, amigos de los hilos rojos y las pizarras llenas de fotos con tachuelas. Puede que la bala mágica siga sin encajar en su narrativa, pero la CIA les ha dado otro hueso que roer: la confirmación de que sus tentáculos están en todas partes. Porque sí, el escándalo real aquí no es si mataron o no a Kennedy, sino la manera en que los servicios de inteligencia han operado impunemente en todo el mundo, ocultando información y justificando cualquier acción en nombre de la seguridad nacional.

Durante años, la gran promesa de los documentos desclasificados era revelar «la verdad» detrás del magnicidio. Sin embargo, en lugar de un segundo tirador en la colina o una orden firmada por Langley, lo que se encontró fueron registros que encubrían agentes, espías, sobornos y presupuestos ocultos. Básicamente, los archivos no esconden un gran crimen, sino miles de pequeños crímenes disfrazados de “operaciones extremadamente delicadas”.

De hecho, lo más interesante de los documentos es cómo confirman que la CIA no necesitaba matar a un presidente para hacer lo que quisiera. Ya tenían infiltrados en todos los niveles del gobierno, financiaban golpes de Estado en América Latina y se entrometían en los asuntos internos de países con una facilidad pasmosa. Kennedy pudo haber muerto o no por sus manos, pero su muerte no cambió nada: la agencia siguió operando como si el mundo fuera su tablero de ajedrez.

Para los historiadores y académicos, esta filtración fue más un dolor de cabeza que una revelación. Los documentos llegaron en un formato caótico, desordenados y con información irrelevante mezclada con datos sensibles. Entre los daños colaterales de la publicación se encuentran nombres de antiguos empleados del Congreso cuyos números de Seguro Social quedaron expuestos. Nada como buscar la verdad y, en el proceso, filtrar la información personal de ciudadanos comunes.

Lo más llamativo es que, mientras no se encontraron pruebas de una conspiración para matar a Kennedy, sí se descubrieron registros de operaciones de la CIA que «quizá excedieron su autoridad». Esto incluye espionaje doméstico, intervenciones ilegales y el uso de recursos para objetivos poco éticos. En otras palabras, el escándalo está a la vista de todos, pero como no involucra una historia de película, a nadie parece importarle.

Cuando Donald Trump prometió que desclasificaría 80 mil documentos sin censura, los teóricos de la conspiración se frotaron las manos. Sin embargo, solo aparecieron 64 mil archivos y algunos con información aún bloqueada. Esto, por supuesto, avivó el fuego de quienes creen que la gran verdad sigue oculta. La realidad es que la gente no quiere respuestas, quiere misterio. No importa si el 99% de los documentos ya fueron revelados, siempre habrá alguien preguntando qué hay en el 1% restante. Porque si los archivos desclasificados no dicen lo que quieren escuchar, simplemente asumen que lo verdaderamente importante sigue guardado bajo llave.

Desde la Comisión Warren hasta la Ley de 1992 que obligó a liberar estos documentos, el gobierno ha intentado zanjar el tema una y otra vez. Pero lo cierto es que nada puede matar una buena teoría de la conspiración, ni siquiera la falta de pruebas. La película JFK de Oliver Stone le dio nueva vida al tema en los 90, y cada nueva filtración solo alimenta la obsesión por encontrar algo que confirme lo que algunos ya han decidido creer.

Y aunque el asesinato de Kennedy seguirá siendo un campo fértil para el escepticismo, la verdadera historia que deberían analizar estos detectives aficionados es cómo la CIA se ha salido con la suya en tantos otros asuntos. Pero claro, eso no suena tan emocionante como una trama de asesinos secretos y francotiradores en las sombras.

@filibertocruz y filibertocruz@gmail.com

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