La impunidad en la política; el ocaso de Martín Vivanco en Durango

Filiberto Cruz Monroy
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Martín Vivanco, que alguna vez fue la joya prometedora de Movimiento Ciudadano en Durango, se ha visto arrastrado por la marea de sus propias contradicciones y conductas vergonzosas. Con una formación académica envidiable y una trayectoria que lo llevó a ocupar cargos relevantes, uno podría pensar que la educación abre puertas al éxito. Pero la realidad es brutal: una buena educación y un currículum impecable no garantizan ni un mínimo de ética ni un desempeño decente.

Hace tan solo unas semanas, Vivanco era el candidato natural para la alcaldía de Durango en 2025, respaldado por su estrecha relación con el líder nacional del partido, Dante Delgado. Delgado lo pintó como el ejemplo de la nueva generación que traería cambio a la política local. Sin embargo, la imagen se desplomó cuando emergieron acusaciones de violencia intrafamiliar: su exesposa lo denunció por intentar silenciarla, un hecho que resonó fuertemente durante las marchas del 8M en Durango.

Es imperativo recordar que los hombres deben parar la violencia hacia las mujeres, y nadie en política debería verse involucrado en estos comportamientos deplorables. El abuso, en cualquier forma, es inaceptable y en la esfera pública se cobra doble castigo cuando se utiliza el poder para escudarse tras la impunidad.

Mientras Vivanco clamaba ser víctima de extorsión y daño moral, su defensa se tambaleó. La dinámica interna en Movimiento Ciudadano se reconfiguró con la llegada de Jorge Álvarez Máynez, quien apostó por un nuevo candidato: Francisco “Pancho” Franco Soler. Este cambio de guardia dejó a Vivanco en una situación vulnerable, pues su respaldo se esfumó con la salida de su padrino político.

La ironía no pasa desapercibida: un hombre que parecía tener un futuro brillante ahora es un claro ejemplo de que la trayectoria y la buena educación no compran integridad. La protección que ofrecía su padrino se desvaneció y, con ello, sus candidaturas y apoyos se evaporaron como por arte de magia.

Esta situación pone de relieve el «timing» en la política, donde perder a tu patrocinador equivale a perderlo todo. El respaldo que te daba la inquebrantable lealtad de quienes te protegen desaparece en un instante, y el juego de alianzas se torna despiadado.

La caída de Vivanco es una lección amarga sobre la volatilidad de la política y la necesidad de romper con el amiguismo y la impunidad. Es un llamado a repensar los valores en la vida pública, donde el respeto a las mujeres y la ética deben ser la norma, no la excepción.

La sociedad exige que se tomen medidas contundentes contra aquellos que abusan de su poder. No se puede tolerar que figuras con antecedentes de violencia y desvíos de millones sigan siendo parte del engranaje político. La justicia debe prevalecer sobre los favores y los escudos partidistas.

En definitiva, el caso de Martín Vivanco nos recuerda que la política no es un cabaret para encubrir conductas inhumanas, sino un espacio para construir un futuro justo y respetuoso para todos. La integridad no se compra con diplomas ni con antigüedad, se forja en el compromiso real de cuidar a la ciudadanía.

@filibertocruz y filibertocruz@gmail.com

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