EU alista ofensiva antinarco: endurecería presión en México

Jair Figueroa
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Estados Unidos prepara una ofensiva directa contra organizaciones del narcotráfico rumbo a 2026, luego de que la administración del presidente Donald Trump endureciera su estrategia al designar a cárteles mexicanos como organizaciones terroristas internacionales, desplegar fuerzas militares en el Caribe y el Pacífico, y catalogar al fentanilo como arma de destrucción masiva, una decisión que impacta directamente la relación bilateral con México y redefine el combate regional contra el crimen organizado.


EU prepara terreno para una nueva estrategia antinarco

La política de Estados Unidos contra el narcotráfico atraviesa un punto de inflexión. De cara a 2026, la administración de Donald Trump sentó las bases jurídicas, militares y políticas para lanzar una ofensiva más agresiva contra las organizaciones criminales, en un contexto regional marcado por el reacomodo de fuerzas entre los cárteles mexicanos y la presión interna por frenar el tráfico de fentanilo.

Durante el último año, Washington realizó tres movimientos clave que modificaron el enfoque tradicional del combate al narcotráfico y ampliaron el margen de acción del gobierno estadounidense fuera de sus fronteras.


Los tres cambios clave en la política de Estados Unidos

Cárteles mexicanos, ahora organizaciones terroristas

El primer giro estratégico fue la designación de los principales cárteles de la droga como organizaciones terroristas internacionales. Esta clasificación no sólo eleva el discurso político, sino que habilita legalmente el uso de herramientas militares, financieras y de inteligencia similares a las empleadas en conflictos armados.

Con esta medida, Estados Unidos dejó de considerar al narcotráfico exclusivamente como un problema criminal para tratarlo como una amenaza a la seguridad nacional.

Uso de fuerza letal fuera del territorio estadounidense

El segundo cambio fue el despliegue de fuerzas aeronavales en el Caribe y el Pacífico, seguido por el uso directo de fuerza letal a partir de septiembre. Hasta ahora, los ataques confirmados se han concentrado en Venezuela, aunque reportes de prensa señalan que México también figura en los planes operativos.

De acuerdo con información del diario The New York Times, Estados Unidos evaluó ataques en territorio mexicano, impulsados por el jefe de asesores presidenciales, Stephen Miller.

El fentanilo como arma de destrucción masiva

El tercer elemento fue la declaración del fentanilo como arma de destrucción masiva. Para la Casa Blanca, el impacto de esta droga en la salud pública justifica una respuesta extraordinaria.

“Si esto fuera una guerra, sería una de las peores”, sostuvo Trump al anunciar el decreto en diciembre.


México, entre cooperación y tensión diplomática

Aunque los planes de una ofensiva directa contra objetivos en México han generado preocupación, estos se vieron parcialmente contenidos tras acciones del gobierno mexicano en Michoacán durante agosto pasado.

Según los reportes, la recuperación de 43 localidades que estaban bajo control del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y otros grupos criminales influyó para disuadir una intervención inmediata.

Estas operaciones fortalecieron el argumento del Departamento de Estado de que la cooperación en seguridad con México alcanza niveles “históricos”.


Contradicciones en la estrategia estadounidense

Pese a la narrativa de guerra contra el narcotráfico, la política de Estados Unidos presenta inconsistencias. En 2025, tres líderes del Cártel de Sinaloa se declararon culpables para reducir sus sentencias, sin enfrentar cargos por terrorismo, a pesar de ser acusados de traficar fentanilo.

Este contraste ha sido señalado por analistas como una muestra de que la ofensiva antinarco combina objetivos políticos, judiciales y estratégicos con criterios variables.


Un escenario regional en transformación

El endurecimiento de la postura estadounidense ocurre en un momento de reconfiguración del crimen organizado en México, donde los cárteles mantienen alianzas cambiantes y disputas territoriales.

La designación de grupos criminales como terroristas y el precedente del uso de fuerza letal abren un nuevo capítulo en la relación bilateral, con implicaciones para la soberanía, la cooperación en seguridad y la estabilidad regional.

Con 2026 en el horizonte, el debate ya no es si Estados Unidos intensificará su ofensiva, sino hasta dónde llegará y cómo responderán los países involucrados.


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