La Fiscalía Anticorrupción de Morelos encontró un escenario macabro durante el cateo a la residencia de Dionicio Emanuel Álvarez Anonales, exdirector del Fideicomiso Lago de Tequesquitengo: tres cráneos humanos en una vasija de barro, veladoras encendidas y rastros de sangre en un cuarto de lavado. El lugar, decorado con artesanías de madera, cruces y machetes, simulaba un «altar» con una cabeza humana ficticia bañada en líquido rojo. La investigación, inicialmente por corrupción, derivó en una pesquisa por delitos aún no especificados.
Álvarez Anonales es buscado por presunta venta ilegal de predios en el circuito turístico «Mar de Morelos» durante la administración de Cuauhtémoc Blanco, y por organizar un concierto nunca realizado que desvió fondos públicos. La Fiscalía ofrece una recompensa de 113 mil pesos por información para capturarlo. Durante el operativo, se detuvo a un hombre armado que declaró ser su escolta, aunque el exfuncionario sigue prófugo.
El hallazgo del altar con restos humanos abre preguntas sobre posibles vínculos con prácticas ocultas o crímenes no resueltos. La Fiscalía Especializada en Desaparición Forzada se sumó a la investigación para determinar el origen de los cráneos y la sangre. Mientras, vecinos de Cuernavaca especulan sobre la reputación del exdirector, señalado por años de manejo opaco de recursos en el fideicomiso.
Este caso podría exponer una red de corrupción entrelazada con delitos graves, incluyendo desapariciones forzadas. Si se confirma el vínculo de los restos humanos con crímenes rituales o encubrimientos, el escándalo alcanzaría a figuras políticas de Morelos, incluso a administraciones pasadas. Además, la presión por encontrar a Álvarez Anonales intensificará la cacería judicial, mientras organizaciones civiles exigen transparencia. El «altar macabro» no solo mancha la imagen del Lago de Tequesquitengo, sino que plantea una pregunta oscura: ¿cuántos secretos más yacen bajo el «Mar de Morelos»?
