El retorno de Gustavo Miranda

En Quintana Roo la política se parece cada vez menos a un tablero y cada vez más a una marea. No avanza en línea recta: regresa. Devuelve nombres, reinstala apellidos. Y a veces, como sucede ahora, empuja a un personaje a la orilla visible justo cuando el agua empieza a agitarse rumbo a 2027.

Filiberto Cruz Monroy
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Gustavo Miranda reaparece no desde un cargo, sino desde un “movimiento ciudadano” —Generando Ideas— con el que vuelve a pronunciar la palabra que duele en México y en el Caribe mexicano: inseguridad. Y no la dice como diagnóstico técnico, la dice como escena cotidiana: derecho de piso, negocios cerrados, economía que pierde ritmo. Es un guion diseñado para que la gente complete el resto con su propia experiencia.

Pero el punto no es solo el discurso. El punto es el orden del discurso.

Primero, la plataforma “ciudadana”: suficientemente amplia para sumar inconformes, suficientemente flexible para no mancharse con siglas, suficientemente emocional para moverse en redes. Después, el gesto político: la nota que lo coloca en la órbita de Movimiento Ciudadano y en espacios nacionales del partido, en un momento donde MC busca algo más que ser “tercera vía”: busca candidatos con conocimiento territorial y ambición ejecutiva.

Ahí está el cálculo. MC es, hoy, un partido que compite con una ventaja específica: puede vender renovación sin ser recién nacido, puede atraer perfiles con pasado —incluso polémico— y presentarlos como “conversos” de la causa ciudadana. El problema es que en política la conversión siempre exige un precio: la credibilidad.

Miranda carga dos narrativas simultáneas. Una, la del legislador eficaz, el operador de engranes: diputado local del Partido Verde Ecologista de México, con historial público en el Congreso y un paso por la conducción del órgano de gobierno legislativo (así lo describen las notas).

La otra, la del personaje fuera de la escena mediática un largo periodo: lo que conlleva a un posicionamiento en la mente del elector poco firme.

En paralelo, el ambiente pre-2027 se está calentando por otras rutas. Basta ver cómo figuras cercanas a la 4T han estado sumamente expuestos y posicionados, como el caso de Gino Segura y Ana Paty Peralta, quienes además tienen el apoyo inequívoco del régimen local y federal.

En ese mar de adelantados, la reaparición de Miranda se entiende como lo que es: una oferta de sí mismo a un sistema que pronto necesitará candidatos y narrativas.

Porque en política, a diferencia del mar, nadie reaparece “igual”. Se reaparece con lo que se trae encima. Y el 2027, en Quintana Roo, no va a premiar al que hable más duro: va a premiar al que logre que le crear credibilidad y tejer mejores alianzas.

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