El Papa Francisco, de 88 años, enfrenta su hospitalización más larga desde 2013, con 12 días en cuidados por neumonía bilateral y una «insuficiencia renal leve». Aunque el Vaticano confirmó que «descansó bien» y muestra mejoría en pruebas médicas, su estado sigue siendo crítico, sin pronóstico definido.
Tras ser internado el 14 de febrero por bronquitis y dificultades respiratorias, su condición se complicó, pero ahora puede levantarse y alimentarse con normalidad. Fuentes vaticanas destacan su buen ánimo, mientras cardenales y fieles rezan en la Plaza San Pedro. El cardenal hondureño Óscar Rodríguez Maradiaga, cercano al pontífice, aseguró: “Aún no es momento para que él se vaya al cielo”.
¿Qué desafíos oculta su salud? La Santa Sede evita detalles sobre la neumonía y la falla renal, aunque insiste en que esta última «no es preocupante». Mientras, crece la especulación sobre cómo impactará esta crisis en la agenda del líder católico, conocido por su resistencia ante las adversidades.
Con centenares de fieles congregados bajo la lluvia y líderes eclesiásticos plegados en oración, la pregunta persiste: ¿Logrará Francisco recuperarse para continuar su legado reformista, o marcará este episodio un punto de inflexión en su pontificado?
